La situación que paso a describir se desarrolló cuando quise inscribirme dentro de los interinatos y suplencias de Santa Fe para dar clases como docente en las escuelas medias y Eempa de Rosario. Lo logré después de cuatro días de intentar inscribirme online, ya que la página estaba saturada. Luego, claro, hay que llevar la carpeta a una escuela junto con nuestros antecedentes (carrera de grado, posgrado, entre otros requisitos). Puede salir 200 pesos de estampillado o más, sin contar el valor de las fotocopias, ya que Tribunales cobra cuatro pesos cada sello. Queremos trabajar para conseguir dinero y no seguir perdiéndolo en burocracia. Me enteré que podía sellármelo una escuela y llamé a doce, pero ninguna aceptó los papeles porque “hay mucho trabajo, la cola de gente es larga o la directora está de licencia...”. Cuando pude, por fin, presentar la carpeta en el Eempa ubicado en Mitre 1648, había culminado la entrega el día anterior, por lo que les cerraron la puerta en la cara a lo que me hicieron el favor de llevar los papeles. En ese mismo lugar, me habían dicho que eligiera un par de antecedentes, que hasta cinco hojas me sellaban y que esparciera el resto por distintas escuelas para ir certificándolo. Al día siguiente, me presenté. Una señora de cabello oscuro se identificó como la encargada de atender el teléfono y me gritó que era una mentirosa varias veces, ya que para ella no había llamado nunca a la institución pidiendo ayuda. Los gritos fueron dentro de un lugar público donde se están formando personas con responsabilidad social, y propinados por una mujer mayor, la cual debería ser instruida en cómo dirigirse a terceros. ¿En qué momento dejamos de ser personas y sólo seguimos reglas perversas? La directora aún conserva su calidad humana y pudo brindarme las respuestas que necesitaba. Quiero agradecerle públicamente su atención, más allá de la carnicería en la que estamos sometidos docentes, profesionales y no profesionales a la hora de entrar en concurso.




























