¿La pobreza cultural actual tendrá algo que ver con la política, la economía, la sociedad? El capitalismo, disfrazado de globalización en los últimos años, nos ofreció, entre otras cosas, confort, celeridad, seguridad, instantaneidad, consumo de productos prefabricados o ya terminados. Esta facilidad de acceso planeada hizo que nuestra sociedad, sin estar preparada, ingrese masivamente a este nuevo estilo de vida que nos hicieron creer que era propio del Primer Mundo. ¿Por qué entonces existe esa sensación de disconformidad, desconfianza, infelicidad? ¿Acaso no estamos mejor que antes? Nos encontramos en la conjunción de dos problemas que no existían, o por lo menos no eran tan evidentes. El primero corresponde a un proceso de (des)posesión de los valores, de los saberes y de las técnicas de una comunidad. Sistemáticamente nos están quitando uno a uno nuestros valores culturales, nuestras tradiciones, nuestras creencias, nuestras costumbres y están imponiendo otras ajenas y extrañas: individualismo, egoísmo, necesidad de exposición pública, sectarismos, etc. Esto lleva al segundo problema: las divisiones, por las cuales el uso está separado de la materialidad, el gesto de su pensamiento, el individuo de su colectividad. Estos dos problemas sumados hacen que: teniendo las herramientas no la sepamos usar; no pensemos lo que hacemos; y que pretendamos una comunidad desde una única perspectiva. Si bien es cierto que en política nada sucede espontáneamente y que el dinero no hace a la felicidad (solo la financia), como ciudadanos debemos plantearnos en qué sociedad queremos vivir, porque inexorablemente tendremos que vivir juntos.




























