Las tormentas tropicales pueden agravar los efectos del vertido de petróleo en el golfo de México, en la costa sureste de los Estados Unidos.
La agencia meteorológica estadounidense NOAA advirtió este año a los habitantes de la costa sobre una temporada de huracanes “extremadamente intensa”.
Cuando empiezan a levantarse tormentas, se suspenden todos los esfuerzos para reparar la fuga de petróleo. Los barcos de rescate recalan en puertos seguros y también se suspende la mayoría de los trabajos de limpieza.
Los huracanes del hemisferio norte se mueven en sentido contrario a las agujas del reloj, por lo que tendrían efectos especialmente devastadores para la costa sur de Estados Unidos en caso de avanzar desde el este. La marea negra llegaría a zonas que se venían salvando del petróleo, que podría penetrar varios kilómetros dentro de la costa.
Además, el viento y la corriente distribuirían la capa de petróleo sobre una superficie aún mayor del mar. Si una tormenta proveniente de otra dirección arrastrara la capa viscosa lejos de la costa, no habría alarma posible y grandes cantidades de petróleo podrían terminar en el fondo del mar. Existe empero la posibilidad de un efecto positivo cuando aparezcan los huracanes. Arremolinada por los fuertes vientos y corrientes, la capa de petróleo podría diluirse hasta tener una concentración menos dañina para la naturaleza.


























