La vida no es posible en la Tierra sin el efecto invernadero natural: los gases en la atmósfera permiten a los rayos de sol llegar hasta el suelo, pero los rayos que refleja la Tierra son absorbidos por los gases.
De este modo, hay una temperatura media sobre el planeta de 15 grados centígrados y no de menos 18 grados, hostil para la vida humana, como sucedería sin la atmósfera. Desde la era de la industrialización, el hombre produce, sin embargo, más gases de este tipo de los que la naturaleza puede absorber. Como consecuencia, en la Tierra la temperatura aumentó en torno a 0,8 grado centígrado.
Hasta ahora, los gases considerados como los principales causantes de este efecto eran: el dióxido de carbono, el metano, óxido nitroso y diferentes combinaciones con fluoruro. Su emisión, según el Protocolo de Kyoto, debe ser reducida considerablemente.
El dióxido de carbono (CO2) es responsable de más del 60 por ciento del efecto invernadero causado por los humanos. Surge en la combustión de carbón, petróleo y gas natural, tanto en coches como en plantas energéticas, pero también en la quema de rastrojos.
La proporción de gases en el aire subió un 38 por ciento desde el inicio de la industrialización hasta 2008.
El metano (CH4) aparece cuando se descompone materia orgánica como en las tripas de los rumiantes y en los pantanos. Una vaca alimentada al día con cinco kilos de pasto produce 191 litros de metano diarios. El aumento de ganado contribuye al efecto invernadero. También emiten metano los cultivos de arroz, los vertederos de basura y las pérdidas en la búsqueda y el transporte del gas natural. La proporción de metano en atmósfera subió de 1750 y 2008 un 157 por ciento y libera el 18 por ciento del efecto invernadero.
El óxido nitroso (N2O) tiene una vida de 150 años en la atmósfera. Se libera al quemar combustibles fósiles y con abonos artificiales. Desde la industrialización hasta 2008 la concentración subió en un 19 por ciento y provoca el 6 por ciento del efecto invernadero.
En tanto, los países industrializados deben también reducir la emisión de otros gases, como el perfluoruro de carbono (PFC) y el hexafluoruro de azufre (SF6), que se usan en materiales aislantes o aerosoles y dañan al ozono de la atmósfera. También el vapor de agua, el dióxido de azufre, el ozono y el hollín calientan la atmósfera por acción humana.


























