Un hombre fue condenado a 15 de años de prisión por intentar matar a otro a balazos y en ese contexto asesinar, involuntariamente, a un vecino que estaba en la vereda. En rigor, la pena para Víctor Raúl Ñañez, de 35 años, también contempla su resistencia a la autoridad ya que primero fue detenido, luego se evadió y finalmente fue atrapado tras una persecución con tiroteo.
En el mismo fallo el juez de Sentencia Nº 5 Gustavo Salvador ordenó dos años y medio de prisión condicional a Ricardo Lemos, precisamente el hombre de 33 años a quien Ñañez había intentado matar en el fatal episodio. En este caso la pena corresponde al delito de tenencia ilegal de arma de fuego de guerra.
Al Abuelo. "Se pusieron a discutir mal. En un momento el que se bajó de la moto sacó un fierro y le tiró cinco balazos y no le dio ninguno. Pero uno le pegó al Abuelo", contó este diario una mujer sobre lo ocurrido el 7 de noviembre de 2009 en Barra al 500 bis, una zona muy pobres del barrio Ludueña Norte.
El "Abuelo" era el apodo de Orlando Benito Luna, un albañil de 37 años que la tarde de ese sábado había salido a la vereda y vio cómo, a unos 30 metro, dos hombres discutían en medio de la calle y uno comenzó a dispararle al otro. Luna recibió una bala en la ceja izquierda y murió antes de llegar al hospital.
Entre los testigos estaba el yerno de la víctima, quien dijo no reconocer a quienes se peleaban porque "estaba oscuro" y llevaban gorritas que le impedían verles la cara.
Sin embargo, al día siguiente Norma I. denunció en la comisaría 12ª que la noche anterior, mientras iba en su moto había presenciado cómo se peleaban dos jóvenes que conocía del barrio. Pero además de sindicar a Ñañez como el tirador y a Lemos como el agredido, la mujer contó que luego de disparar el primero le apuntó a ella al grito de "llevame, llevame".
Así, según este relato, Ñañez subió a la moto de Norma, le puso el arma en la espalda y la obligó a llevarlo hasta Barra y Vélez Sa rsfield, donde huyó corriendo con su arma hacia un descampado. La mujer dijo que al enterarse de que había muerto un hombre a raíz de lo que había visto, fue a denunciar lo que sabía para que se hiciera justicia.
Bronca. Esa versión coincidió en gran parte con la de Lemos. "Iba en mi bicicleta por Barra cuando sentí por detrás unos tiros. Me di vuelta y vi a Víctor Ñañez con un fierro y me apuntaba. Me caí de la bici y me tiró dos veces más. Me levanté y le dije que me matara, pero mientras yo lo encaraba vi que el hermano de Orlando Luna, Fabián, lo estaba levantando del suelo y fui a ver qué pasaba", narró el hombre atacado, compadre del fallecido.
Lemos, que contó en total cinco tiros, admitió que Ñañez le disparaba por "una bronca" que tenían "desde hacía tres años por una piba". También dijo saber que el tirador estaba preso, pero que estaba saliendo con permiso y que lo quería matar. En rigor, Ñañez tenía un pedido de captura por evadirse de la cárcel de Piñero en mayo de 2009.
Más de un mes después del crimen, Ñañez fue arrestado en el baño de su casa. Al declarar, dijo no entender por qué se lo acusaba a él y aseguró no usar armas. También dijo que la policía no lo encontraba porque que se había ido a Córdoba a trabajar.
Atrapado. Ñañez fue detenido pero el 28 de febrero de 2010 se escapó de la alcaidía de Jefatura. Pero luego de varios allanamientos negativos volvió a caer el 21 de abril. Ese día efectivos de la Patrulla Urbana quisieron identificar a tres jóvenes que estaban junto a dos motos en Gorriti y Perú. Así se originó una persecución, una moto fue perdida de vista y los policías siguieron a otra en la que iban dos personas, de las cuales una comenzó a disparar.
Los motociclistas cayeron tras una mala maniobra y siguieron a pie. Así uno fue atrapado mientras intentaba escalar un alambrado y fue alcanzado por una bala policial en su pierna derecha. Primero dijo llamarse Rubén Solesi pero luego se comprobó que era Nañez.
Culpa. El fiscal pidió 30 años de prisión para Ñañez, mientras que la defensa pidió su absolución por falta de elementos que comprobaran su participación en el crimen. Pero luego de analizar pruebas y testimonios, el juez Salvador entendió que Ñañez había disparado contra Lemos para matarlo y, aunque no lo había logrado, como consecuencia de esos disparos había muerto Luna.
Sin embargo, el juez consideró el crimen como culposo ya que el tirador no tuvo la intención de matar a Luna (ver aparte). Así, condenó a Ñañez a 15 años de prisión por "homicidio agravado por el uso de arma de fuego en grado de tentativa y homicidio culposo en concurso ideal entre sí" y además por "resistencia a la autoridad agravada por el uso de arma, encubrimiento agravado por el ánimo de lucro y portación ilegal de arma de fuego de uso civil".
En tanto, como a Lemos se le encontraron tres armas de fuego en un allanamiento a su casa, lo condenó a dos años y medio de prisión condicional que podrá cumplir en libertad con restricciones.
Para el juez, el acusado “actuó culposamente”
Para el juez Gustavo Salvador, Víctor Ñañez sabía lo que hacía voluntariamente cuando le disparó cinco balazos a Ricardo Lemos. Y si bien no lo mató, “su conducta fue dolosa porque sabía que en el lugar había otras personas, que había posibilidad de lesionarlas y a pesar de ello disparó”.
Sin embargo, el juez de Sentencia Nº 5 se preguntó si Ñañez había querido matar con esos disparos a Luna y concluyó que no.
“Luego de ponderar todas las pruebas cabe colegir que no hay elementos que permitan atribuir la intención de Ñañez de matar a Luna. Por el contrario, la intención del inculpado fue la de terminar con la vida de Lemos”, sostuvo el magistrado en su fallo.
En este sentido, Salvador apeló a una corriente doctrinaria por la cual consideró el crimen como culposo.
“El imputado no actuó con dolo eventual, sino culposamente. En efecto, son contestes los testimonios que aluden en la causa respecto a la oscuridad reinante en la zona al momento del hecho, por lo tanto, mal puede presumirse que Ñañez observó que detrás de Lemos había gente y que podía ocasionarles algún daño”.