El plan de aniquilamiento liderado por Videla se complementó con un programa económico que destruyó la industria nacional, borró derechos laborales, disparó la devaluación y generó un perverso juego financiero.

El plan de aniquilamiento liderado por Videla se complementó con un programa económico que destruyó la industria nacional, borró derechos laborales, disparó la devaluación y generó un perverso juego financiero.
Videla designó ministro de Economía a José Alfredo Martínez de Hoz, ideólogo de un plan impuesto a fuerza de represión y que aumento de la deuda externa (que incluyó la estatización de obligaciones privadas), al pasar de u$s 7.875 millones a fines de 1975 a u$s 45.087 a fines de 1983.
"Videla instrumentó en la economía la estrategia del terror que se seguía en el plan genocida", reseñó el diputado por Unidad Popular Claudio Lozano.
Siguiendo los lineamientos de la neoliberal Escuela de Chicago, hizo una indiscriminada apertura de importaciones, que derrumbó la industria nacional. Cerraron sus plantas General Motors, Peugeot, Citroën y Chrysler, Siam, Deutz-La Cantábrica, Aceros Ohler, Tamet, Cura, Olivetti y miles de pequeñas y medianas compañías.
El modelo de industrialización dio paso al de acumulación de divisas que se conoció como "bicicleta financiera", una carrera del peso contra el dólar que terminaría destruyendo el ahorro nacional.
"Las grandes empresas tomaban crédito en el exterior, lo colocaban en plazos fijos, valorizaban el monto prestado, y lo fugaban hacia las casas matrices o sus propias cuentas en el exterior", describió el ya fallecido Guillermo O'Donnell.
Con la llegada de la "plata dulce" y el "deme dos" en Miami, Brasil y Uruguay, fue avanzando un plan económico que iba a dejar a millares de argentinos en la pobreza, el desempleo y la desesperanza. El perverso juego financiero provocó una catarata de quiebras entre los bancos locales, cuyos pasivos fueron asumidos por el Estado.
Para frenar la suba de precios se crearon dos tipos de cambios: el financiero y el comercial para las exportaciones y Martínez de Hoz pasó a ser el ministro de la "tablita", que fijaba una devaluación gradual en la paridad con el dólar.
En aquellos primeros años hubo también un plan sistemático de destrucción de empresas, pero a través de métodos más directos: obligar a sus dueños a venderlas o transferir acciones o quebrarlas. Hoy la Justicia investiga más de 600 liquidaciones de compañías realizadas en los primeros años de la dictadura.
La política laboral fue también complemento y eje del programa económico: prohibición de huelgas e intervención de los sindicatos para lograr el congelamiento de salarios.
El sueldo real tomado sobre una base de 100 en 1970, había llegado a 124 en 1975 y en 1976 se hundió a 79, el nivel más bajo desde la década del 30.
La pobreza que desde 1940 se ubicó debajo del 10 por ciento, y que era inferior al 6 en 1974, trepó al 12,8 en 1980 y superó el 37 en 1982.
La desocupación estaba en el 3,8 por ciento en 1975 y alcanzó un pico del 6 por ciento en mayo de 1982.
Videla delegó el poder en Roberto Eduardo Viola y Martínez de Hoz dejó también su lugar en manos de Lorenzo Sigaut, el ministro que pasó a ser recordado por su frase: "El que apuesta al dólar, pierde".



