Soy profesor de historia y geografía, mi escuela es la Nº 421 "Dr. Pablo Tiscornia", de Firmat (digo mi escuela porque, como dice Alberto Cortez: "A lo que amamos lo consideramos nuestra propiedad"), donde todos los días los docentes ponen todo y más frente al curso, inculcando valores a chicos que serán hombres y mujeres, pilares de esta sociedad, en la que los valores parecieran no valer tanto, como el respeto, el respeto al distinto, la solidaridad, el dolor del otro, la necesidad del otro. Terminé mi horario de clases y en sala de profesores me ofrecieron reemplazar a otra docente del establecimiento a la que no conocía. Lo tomé, retiré el material y entré al curso. Sin perder tiempo me presenté, expliqué las consignas y comencé a leer rápido el material que había dejado la profesora a quien reemplazaba. Se me hizo un nudo en la garganta, me emocioné, no podía hablar, tomé aire, me recompuse, pedí atención y lo leí en voz alta, lo necesitaba compartir, con esto me encontré: "Los nadie", Eduardo Galeano. "Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadie con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte, pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana ni nunca. Ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadie la llamen, aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba. Los nadie: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadie: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos. Que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no profesan religiones, sino supersticiones. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura sino folclore. Que no son seres humanos, sino recursos humanos. Que no tienen cara, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local. Los nadie, que cuestan menos que la bala que los mata". El curso entero quedó perplejo, sin nada que agregar, ante tan justas, exactas, bellas y duras palabras. Me sentí conmovido, con la sensación de que nada volvería a ser igual y agradecido con la posibilidad que nos da esta profesión que elegimos, la de poder transmitir y multiplicar la palabra. Para los que no tienen voz, ni voto, ni nada, para los nadie, defendamos la escuela pública, única moneda con la que algún día, tal vez, las pulgas podamos comprarnos un perro. Gracias Susana Giuliani por su generosidad. Gracias Silvia Menna por su apoyo constante.


































