La historia se repite. Lo que está sucediendo con uno de los diarios nacionales es una réplica de lo sucedido entre los años 46 y 55 con el diario La Prensa. Un diario que no comulgaba con el gobierno de turno. Su éxito se debía a su estilo frontal y polémico, pero con una información rigurosa. En el mundo de los medios era considerado el mejor de Latinoamérica, y el más vendido. La persecución que sufrió durante cuatro años fue indecible. Comenzaba la campaña presidencial de 1951 y había que desarmar a la oposición mediática. Ya comenzó la campaña presidencial 2015 y este gobierno volvió a la lucha contra el diario Clarín. Las similitudes, en ambos casos, son apreciables. Soy un asiduo lector de La Capital, lo que equivale, de alguna forma, a tener una mirada imparcial. Nadie me puede cercenar el derecho a leer el diario que quiera. En el caso de Clarín, con la expropiación, está cercenando el derecho de una parte de nuestra sociedad que lo lee. Un ataque claro del gobierno a la libertad de prensa. Necesitamos información veraz, no el relato. Una prensa independiente que nos facilite el conocimiento de los males que estamos sufriendo en el país; inseguridad, inflacción, recesión y un etcétera largo. Males que por error u omisión de este gobierno padecemos todos. La prensa oficialista, que también es monopólica, ya se encarga de publicitar las bondades de la “década ganada”. Hay un viejo adagio: “Dime cómo es tu prensa y te diré quién eres”. Los periódicos son a la sociedad moderna lo que los sentidos al cuerpo humano. La sociedad ve, oye, huele, saborea, palpa a través del periódico, y éstos trazan con rasgo seguro la excepcional historia argentina, llena de interés y de amenidad, de gracia y de dramatismo.
































