En la Argentina ya pasó el 21 de septiembre, en el que se celebró el advenimiento de la primavera; pero en todo el mundo, el 21 de septiembre es el Día Internacional de la Paz, proclamado el 30 de noviembre de 1981 por la Asamblea General de las Naciones Unidas. La Iglesia Católica, por su parte, estableció el 1º de enero como fecha para exaltar la paz internacional. La paz mundial es uno de los anhelos más preciados de la humanidad. Pero más allá de esos dos días designados para despertar la conciencia sobre lo imprescindible de esa condición en el mundo; independientemente de pronunciamientos y solicitudes, la paz internacional está lejos de ser la realidad ambicionada. Si la paz, como una canción sublime, acariciara a los habitantes del planeta, con las sumas fabulosas ahorradas por la no existencia de conflictos bélicos podría encararse la erradicación del hambre, la miseria y las enfermedades. Pero mientras más elemental parece la solución de esta antigua cuestión, más compleja se hace su feliz conclusión. Silvio Rodríguez dice que “la guerra es la paz del futuro”; pero la gente ha hecho del ferviente deseo en ese futuro, un sueño milenario que en la actualidad, se parece mucho a una utopía. Qué lindo sería si a quienes tienen en sus manos las decisiones sobre las confrontaciones armadas, una cálida primavera de sentimientos les hiciera florecer en el corazón las rosas blancas más aromadas de la paz.





























