Los 33 mineros rescatados en Chile desde las entrañas de la tierra comenzaron ayer a revelar parte de su hazaña de supervivencia tras permanecer más de dos meses atrapados a unos 700 metros de profundidad.
Como un reflejo de las instancias decisivas que vivió, Osman Araya aseguró ayer que sus compañeros de odisea “para mí ahora son mis hermanos y siempre los llevaré en mi corazón, como buenos hermanos y como familia”.
“Pudimos lograr algo grande”, señaló y sorprendió con que retomará su trabajo en la mina. “Por supuesto que sí. Tenemos que seguir trabajando. Es parte de nuestro oficio”, dijo.
Se negó a hablar de las alternativas padecidas mientras estuvo bajo tierra. “Para mí es aún muy cercano hablar de esas cosas. La vida me ha cambiado 100 por ciento”, aunque destacó que “sabíamos que con fe y confianza íbamos a salir. Nunca perdimos la esperanza”.
Edison Peña fue quien más develó el infierno que vivieron. “Lo pasamos bien mal ahí abajo. Yo creía que no iba a volver y por eso estoy «superloco» con este recibimiento (de sus vecinos del barrio). Muchas gracias. Gracias por creer que estamos vivos. Nosotros no somos artistas, somos gente común y corriente”.
Maratonista de alma, recordó que “corría con botas cortadas primero unos 10 kilómetros al interior de la mina, y después me enviaron zapatillas. Estoy bien, estoy súper sano y por eso fui uno de los primeros en salir”.

































