En Victoria, Entre Ríos, las casas se pierden entre calles que suben y bajan por medio de las colinas. En una de esas casas, el domingo pasado fueron atacadas a cuchilladas tres personas. Después los agresores incendiaron el lugar, presuntamente para borrar huellas. Dos de las víctimas, un hombre y una mujer, murieron en el acto. Otra mujer falleció días después, tras agonizar en un hospital de Paraná. Las versiones sobre el fatídico hecho que sorprendió a la vecina ciudad de las siete colinas son dos: la de un grupo de desconocidos que entró a la casa aquella calurosa madrugada, mató sin piedad a sus ocupantes y quemó todo para ocultar huellas; o bien un triángulo de pasiones sin rumbo que terminó en el infierno desatado por uno de sus integrantes. Sólo los muertos sabían algo de esos secretos y ahora sus cadáveres deberán hablar.
Los cuerpos de Juan Manuel Cuenca, de 64 años, y de Hilda Castañeda, de 50, aparecieron en la casa de 9 de julio al 500, en el barrio Luján, totalmente calcinados. Fue la madrugada del domingo 21 de abril, cuando los bomberos pudieron acceder a la casa tras un incendio intencional. María Rosa Brambilla, de 54 años y pareja de Cuenca, se salvó de morir ese día, pero agonizó hasta decir basta el mediodía del viernes.
Esa mujer, que pudo escapar con el 70 por ciento del cuerpo quemado y dos heridas cortantes en su abdomen, bajó tambaleando los trece escalones que separan la casa de la vereda y fue auxiliada por un vecino. Lastimada casi hasta los huesos, fue la única que pudo dar su versión. Habló de encapuchados y dijo a media lengua que reconoció a uno de ellos: Claudio Germán V., de 36 años, detenido en el Gran Buenos Aires un día después del hecho.
El muchacho, sin antecedentes penales, es hijo de una prima de Brambilla, con la que la víctima tenía una relación conflictiva a partir de una herencia en pugna y de la cual no se sabe ciertamente quienes eran los reales beneficiarios.
Tres en una casa. Cuenca era pareja de Brambilla. En vida acumuló una carrera intacahable en Prefectura Naval, de donde se retiró como suboficial mayor. Era viudo y padre de cuatro hijos adultos. Su pareja era ama de casa y madre de dos adolescentes.
En tanto, Hilda Castañeda era soltera y retirada de la Policía Federal además de docente. Los tres vivían juntos. Cuenca presentaba a Castañeda como su hermana, pero en realidad se conocían desde hace tiempo y ella le alquilaba parte de la casa que compartían.
Tres personas en una vivienda no es raro en esa ciudad de 40 mil habitantes con alma de pueblo y chismes en las plazas. Por eso es que siempre circularon historias sobre este triángulo y desde un primer momento esos dichos son hipótesis de investigación del triple crimen.
El acusado, Claudio Germán V., tiene 36 años y es hijo de Antonia Ramona Pedemonte, la prima de Bambrilla con quien compartía como herencia una casa en calle Presidente Perón y una manzana situada a un kilómetro de la plaza principal de Victoria, sobre calle Piaggio.
Tras ser apresado, el muchacho dijo que la noche de las muertes estuvo en una fiesta y que podía comprobarlo. Pese a eso, alguien del entorno familiar sostuvo que vio su Fiat Palio azul en Victoria la fatídica madrugada del domingo. Pero no hay pruebas al respecto. De los encapuchados no hay rastros y "nadie los vio", dijo a su vez una fuente policial.
Papeles y plata."No voy a decir mucho. Mi papá era testaferro y tenía un poder para vender los terrenos que eran de las mujeres y los fue vendiendo. La gente le pedía los registros —notariales— de esa manzana para poder escriturar las parcelas y cuando mi viejo le exigió esos papeles a Antonia Pedemonte resulta que ella no los tenía por que no era la única heredera y no estaba autorizada a vender", dijo Juan, uno de los hijos de Cuenca.
"La casa no es importante. Pero el loteo pudo arrojar una ganancia de casi un millón de pesos", arriesgó un pesquisa que habló con La Capital. Y, en ese marco, la venta irregular de los terrenos puede ser una punta de la versión de los encapuchados.
Pedemonte denunció en 2012 que Cuenca la citó el 8 de agosto de ese año y la llevó al cerro La Matanza, al norte de la ciudad, en su Fiat Fiorino. Ese auto apareció incendiado en la misma casa donde se cometieron los crímenes. En ese encuentro forzado, el hombre le pidió los papeles de los terrenos y discutió con ella. La amenazó de muerte y le dio varios golpes. Para entonces la mujer ya vivía en la casa de una hija, en José León Suárez, provincia de Buenos Aires.
El hecho fue llevado a juicio y Cuenca fue condenado a cumplir una probation. Era una persona honorable, orgulloso de su temple militar y cumplió su condena. Esa característica de "cierta soberbia y de ser un hombre parco", hizo que muchos en Victoria no lo apreciaran y se tejieran comentarios "mal intencionados" sobre la relación entre él y las dos mujeres.
Pero tres semanas atrás Cuenca denunció haber recibido una amenaza escrita que atribuyó a Pedemonte: "El juicio se hizo en complicidad con el abogado. Morirán", rezaba el papel que le arrojaron debajo de la puerta. Cuenca puso ese escrito a disposición judicial y ahora la letra será peritada para saber a quien corresponde. Los pesquisas piensan que Germán V. puede haber querido vengar así a su madre.
Otra sospecha. La noche final los bomberos hallaron situaciones extrañas en la casa de calle 9 de Julio. Castañeda estaba tirada en una habitación con un profundo corte que, según la autopsia, le causó la muerte. Cuenca estaba en el baño y tenía un corte menor. Murió por asfixia y calcinado. Brambilla logró escapar con un corte en el abdomen.
Una revisión de la ropa de Brambilla arrojó que tenía nafta en sus fibras. Lo corroboró el juez de Instrucción de Victoria, Alejandro Callejas, quien hasta el viernes había indagado a 14 testigos.
De la casa "no quedó nada, sólo cenizas", dijo un bombero. "La temperatura llegó a 1000 grados y nadie sale de ahí herido. Además, quien escape tiene que saber dónde apuntará el fuego", agregó. Y sus compañeros sostuvieron que no se hallaron huellas de los supuestos encapuchados.
Cuenca y Brambilla habían estado en el casino de Victoria esa noche. Las cámaras de seguirdada del complejo no registraron que nadie los siguiera. En la reconstrucción de los tiempos, los investigadores concluyeron que la pareja llegó a la casa a las 23.45 y que el fuego se inició a las 2.48. "Una cámara lejana registró el fuego", dijo un policía. "¿Qué pasó en esas dos horas? Nadie lo sabe. ¿Cómo se quemó la Fiorino de Cuenca que estaba en un patio? Tampoco se sabe. Sólo Brambilla vio todo y tendría mucho que explicar si viviera", admitió un investigador.
Para la policía hay muchos hilos sin unir. "Algunos vecinos nos dicen que Brambilla y Castañeda tenían una relación y que se había conformado allí un triángulo amoroso, pero es incomprobable", cuentan los pesquisas.
Qué pasó en esa casa durante los últimos tiempos y cómo terminará la fase judicial de la historia nadie lo sabe. El interminable verano no quiere irse de Victoria y en esa casa del barrio Luján el fuego borró todas las huellas, por ahora.