La droga es el flagelo de nuestra época que castiga a todos los estamentos de la sociedad. Entre sus efectos más nocivos se cuenta el ascenso de la criminalidad y, más específicamente, de la violencia que preside en ella. La crónica diaria informa de los homicidios cometidos en ocasión de robo, la mayoría llevados a cabo por jóvenes o adolescentes drogados, para quienes el valor de su propia vida o de sus víctimas es inexistente. Y es también indiscutible que, en nuestro medio al menos, a la proliferación de este mal social concurren tanto la actuación de los narcos como la corrupción policial y política que los ampara, sin cuya connivencia sería realmente imposible la impunidad de los primeros. Contra este estado de cosas se ha alzado desde hace tiempo la voz de una alta magistrada federal, con denuncias públicas, fundamentadas, algunas de las cuales tomaron estado judicial. Me refiero a la doctora Laura Cosidoy, cuyo accionar resulta plausible y calificado, no solamente por la naturaleza de sus funciones (que la dotan de singular autoridad para expedirse sobre hechos que sin duda resultan de su directo conocimiento), sino también por haber descendido a nuestra cruda realidad social, desechando y arriesgando la cómoda poltrona de su encumbrado cargo, en la que habitualmente se refugian los titulares de cualquier poder. Lamentablemente su voz ha caído en el vacío y nadie (salvo contadísimas excepciones) se ha hecho eco de tan acertado accionar, como ella misma lo ha denunciado en la entrevista que da cuenta este diario, en su edición del pasado 30 de julio. Ni el Poder Judicial, ni mucho menos el poder político han atendido efectivamente los reclamos efectuados por la doctora Cosidoy para dotar de eficiencia a la necesaria lucha contra el trafico de drogas, persiguiendo y encarcelando a los "barones", y no solamente a los "perejiles". Por ello, resulta imperioso que nuestros estamentos y organizaciones sociales y políticas se expidan públicamente apoyando el accionar de la doctora Cosidoy, exigiendo que se concreten las acciones pertinentes para llevar a cabo la lucha por ella propiciada.
































