En el inicio de la cumbre climática más grande e importante de la historia, los organizadores advirtieron ayer a los diplomáticos de 192 países participantes que esta podría ser la mejor de las últimas oportunidades de alcanzar un acuerdo que proteja al planeta de las consecuencias calamitosas del calentamiento global.
Aunque todavía hay temas clave sin resolver, la conferencia de dos semanas organizada por Naciones Unidas −que corona dos años de negociaciones complicadas− comenzó con tono optimista luego de que varios países desarrollados y emergentes prometieron reducir sus emisiones de gases contaminantes.
Connie Hedegaard, presidenta de la conferencia, dijo que la clave para un acuerdo es encontrar la manera de recaudar fondos privados y públicos y canalizarlos a los países pobres durante muchos años para que puedan combatir los efectos del cambio climático.
Hedegaard, ex ministra del Ambiente de Dinamarca, indicó que “esta es nuestra oportunidad. Si la desperdiciamos, podrían pasar años antes de que podamos tener una nueva y mejor oportunidad”.
Está en juego un tratado que busque llevar al mundo a abandonar los combustibles fósiles y otros contaminantes para usar fuentes más limpias de energía y transferir cientos de miles de millones de dólares de países ricos a naciones pobres cada año y durante décadas para ayudarlos a adaptarse al cambio climático.
Los científicos advierten que sin un acuerdo, el mundo enfrenta graves consecuencias: el calentamiento que llevaría a la extinción de plantas y animales, inundaciones de ciudades costeras, sucesos meteorológicos más extremos, sequías y expansión de las enfermedades.
En Washington, la Agencia de Protección Medioambiental dijo que los gases del efecto invernadero “amenazan la salud pública y el bienestar del pueblo estadounidense”.
De esa forma, el organismo gubernamental agregó que los contaminantes resultantes de combustibles fósiles deben ser regulados por la ley de aire puro.
Los analistas indican que ese declaración expresa la intención del gobierno de Obama de tomar firmes medidas sin tener que esperar la aprobación de una ley de cambio climático, que ha sido estancada por largo tiempo por los legisladores de la oposición en el Congreso estadounidense. (Télam y AP)



























