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La búsqueda revela una gran cantidad de basura en el mar

La intensa búsqueda del avión malayo, que reúne los equipos aéreos y náuticos de 26 países, arrojó una revelación sorprendente: es pasmosa la cantidad de basura que se arroja al mar y que termina formando islas flotantes de redes de pesca, plásticos y maderas.

Domingo 06 de Abril de 2014

La intensa búsqueda del avión malayo, que reúne los equipos aéreos y náuticos de 26 países, arrojó una revelación sorprendente: es pasmosa la cantidad de basura que se arroja al mar y que termina formando islas flotantes de redes de pesca, plásticos y maderas.

"Esta es la primera vez que todo el mundo está mirando una parte de los océanos, y es un buen momento para que la gente entienda que nuestros océanos son vertederos de basura", afirma Kathleen Dohan, una científica de la Investigación de la Tierra y del Espacio en Seattle, Washington, que mapea la superficie de las corrientes oceánicas.

Stephan Lutter, experto en la protección de mares de la organización World Wide Fund For Nature (WWF) dice que a diario acaban en el mar ocho millones de piezas de basura, entre bidones, botellas de plástico, cepillos de dientes o maquininitas de afeitar desechables.

"He recogido una heladera del mar", dice Britta Denise Hardesty, ecologista del centro australiano de investigación Csiro. Las olas y las corrientes rompen en pequeñas partes toda esa basura. "Ante la costa oeste de Australia, donde se cree que el avión se estrelló, flotan entre 5.000 y 30.0000 minúsculos restos de basura en un kilómetro cúbico de agua", señaló.

También las redes de pescadores que se tiran por la borda o se pierden formas islas infranqueables de plástico que amenazan la navegación y la vida marina.

Ningún mar se libra ya del plástico, señala Thilo Maack, activista por la biodiversidad de Greenpeace. "He visto imágenes de una silla de plástico que estaba a 9.000 metros de profundidad", aseguró. Las grandes corrientes hacen que una botella de plástico que se lanzó en la costa este de Africa aparezca en una playa de Indonesia.

El efecto más dramático pudo verse tras el maremoto que azotó el norte de Japón en marzo de 2011. Los vestigios de construcciones, artículos del hogar, autos, motos y hasta pedazos de muelles siguieron llegando a las costas de California por más de un año.

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