Sur Du Monde marca tres y arranca. El pop y el rock es lo suyo, con canciones simples y potentes, con un guiño a Silvio Rodríguez, pero también a Stone Temple Pilots. La banda rosarina presenta hoy, a las 21.30, "Tres", su nuevo disco, en el Centro de Expresiones Contemporáneas (CEC) Vinilo Café (Paseo de las Artes y el río). Y perciben que este número les marca un buen momento en su carrera. "Sentimos que estamos logrando muchas cosas que siempre soñamos", dijo Pablo Cravzov, líder del grupo.
La frase de Cravzov, que canta y toca guitarras, viene en el contexto de que "Tres", de Epsa Music, es el primer disco del grupo a nivel "profesional", como le gusta citarlo. La banda, que se completa con José Luis Quiroga (bajo), Walter Randisi (batería) y Sebastián Martino (guitarra y voz), ofrecerá un show, que tendrá como artista invitada a Micaela del Barro y será precedido por una ambientación con vinilos a cargo de Dani Pérez (Sucesores de la Bestia).
En diálogo con Escenario, Cravzov habló de sus influencias, lamentó la dependencia porteña que tiene el rock de la ciudad, y también contó cuál es el objetivo de Sur Du Monde a mediano plazo.
—¿Por qué el disco abre con una versión de "La era está pariendo un corazón", de Silvio Rodríguez?
—Creo que la decisión de poner este tema al principio tiene que ver con una cuestión de que se está viviendo una época de muchos cambios a nivel social y cultural. Y de eso habla la canción, de las distintas realidades, y para nosotros este momento también significa un quiebre, un hito, una piedra basal en nuestra carrera.
—¿"Tres" marca un cambio en cuanto al concepto de la banda, las letras y el sonido del grupo?
—En cuanto a todo, la forma de componer cambió, la profesionalidad de la banda también, bueno, este es el primer disco que editamos en formato físico y en forma profesional, y eso también marca un cambio.
—¿Es posible que se perciba un perfil un tanto místico en algunas letras del disco?
—No, místico no, porque eso se asocia a una divinidad o una deidad, en cambio en las letras nuestras vamos más por el lado de la espiritualidad, que no necesariamente tiene que ser mística.
—En "La verdad gloriosa" cantan "Vamos que ya está todo perdido, algo vamos a encontrar". ¿Es un grito generacional?
—Yo creo que sí, el promedio de edad de la banda es de 30, 31 años y fuimos testigos de todo lo que fue la crisis del 2001, la crisis social y estructural. Venimos aprendiendo música desde la década del 90 y somos observadores de la historia. Además hay una cuestión física, porque cuando uno toca fondo lo único que queda es ir para arriba, así que por ahi va la frase de esa canción.
—En "Espiral", otro tema de este nuevo disco, se nota en los arreglos del final un guiño al rock de los 70. ¿Esa música también fue inspiradora en su trabajo?
—Sí, cuando nos discutimos a nosotros mismos como banda, nos encontramos en el rock de los 60 y 70. En Led Zeppelin, en Pink Floyd, en los Beatles, incluso en el pop de los 80, como Virus y Bowie, y también en lo de los 90, como Nirvana, Pearl Jam y Stone Temple Pilots.
—Más allá de las influencias, el objetivo de la banda pasará por buscar un sello de identidad.
—Tal cual, por eso tratamos de no estar tan atentos a las tendencias más actuales, como otras bandas nuevas que se fijan qué es lo que están tocando en Inglaterra y qué es lo que más suena en Estados Unidos. Esa no es la nuestra, apuntamos a una búsqueda.
—¿Cuáles son los referentes de la ciudad?
—Fito Páez es un gran referente nuestro, pero entre los que siguen trabajando acá, al baterista le gusta mucho Degrade; a mí me gusta mucho Fluido, por ejemplo, también nos gusta lo que hace Coki Debernardi y toda la movida que se genera con Planeta X y Pablo Jubany.
—¿Cómo ves el rock rosarino de los últimos 15 años?
—Mirá, eso es algo que nosotros discutimos mucho también, y lo decimos desde el lugar más humilde posible, porque somos una banda relativamente nueva. Y tiene que ver con una especie de paradoja que vive una ciudad con una profesionalidad increíble por ser del interior, y la contrapartida es la dificultad para que sea masivo lo que hacemos. Hay excepciones como Cielo Razzo, pero siempre tenemos la necesidad de pasar por Buenos Aires y no es merecido, porque Rosario podría ser un polo de exportación musical hacia el resto del país, y no entendemos por qué no lo es.