Se dice que la juventud está perdida, que no estudia, ni lee, ni trabaja. Días atrás tomé un taxi y el conductor, un joven de alrededor 35 a 40 años, comenzó a dialogar. Me asombré que fuera un lector de libros y en la conversación noté que sabía de lectura. Concluyó diciendo: “Señora, vio qué hermoso es ver una casa decorada con libros”. Como soy lectora y escritora me enorgullece encontrar jóvenes que además de trabajar encuentran tiempo para la lectura, lejos de la computadora y el celular. Alguien dijo: “ No habrá tecnología por más sofisticada que sea, que pueda reemplazar al placer de leer un libro sosteniéndolo en nuestras manos”. Todavía se puede pensar en un país grande, a pesar de que la corrupción esté instalada en todos los ámbitos.


































