Desde que me enteré del traslado del padre Jorge Tournour a Formosa, he pasado por diferentes estados de ánimo y me han embargado sentimientos que fueron desde el estupor a la resignación frente a lo inevitable. A lo largo de la historia, la Iglesia nos ha demostrado que cuando toma una decisión difícilmente la cambia. En estos últimos cinco años, he visto cómo el padre Jorge ha transformado el templo de María Auxiliadora de Funes y cómo llegó a la toda la comunidad. He visto la iglesia llena domingo a domingo. He visto gente joven, familias y muchos chicos disfrutar de la misa, cosa lamentablemente poco común en estos tiempos. Por eso, aún cuando veo la fe que mueve al padre Jorge a aceptar con toda humildad y obediencia la orden de sus superiores, sigo teniendo una gran duda. Es difícil sembrar una semilla en el lugar apropiado para que germine. Es difícil lograr una planta de esa semilla. Se requiere mucha paciencia y esmero. Mucho más difícil aún es ver esa planta siempre florecida. Sin embargo, cuando esto sucede, sabemos que hemos encontrado el lugar justo para ella y sonreímos felices. Entonces me pregunto, ahora que la planta ha florecido y nos regala todo su perfume: ¿es el momento correcto para trasladarla? Probablemente mi pregunta quede sin respuesta, pero quisiera decirle al padre Jorge que él ha hecho mucho bien en la comunidad de Funes y que a muchos de nosotros nos ha ayudado a acercarnos a Dios, aunque no tengamos su entereza para aceptar la voluntad de la Iglesia. El 15 de febrero será la última misa del padre en el templo del prenoviciado. Invito a todos los funenses y a "los golondrinas" como yo a acompañar al padre Jorge en su despedida y desearle que Dios lo acompañe allí donde esté, ya que seguramente seguirá produciendo frutos en abundancia.
































