A mediados de agosto los dos policías tenían un dato: la casa de Jonatan Almada iba a ser allanada en el marco de un importante operativo en busca de miembros de la banda de Mauro Gerez. Entonces un par de días antes estacionaron el patrullero cerca de la vivienda y cuando el muchacho salió lo siguieron y entablaron una conversación tras la cual el sospechoso les habría entregado 10 mil pesos para no ser arrestado. Más allá de que, días después, Almada terminó detenido el fiscal a cargo de esa investigación inició otra para descubrir quiénes eran esos dos uniformados del Comando Radioeléctrico (CRE).
Un mes después, mientras patrullaban zona sur, la noche del lunes cayeron el inspector Jorge César Russe, jefe de tercio del CRE y abogado, y el oficial Ricardo Páez. Efectivos de la Agencia de Control Policial (ACP, ex Asuntos Internos) interceptaron en Ayacucho al 6800 el patrullero y les secuestraron dos revólveres sin papeles que los sospechosos portaban además de sus armas reglamentarias.
El fiscal Pablo Socca, quien descubrió la maniobra a partir de una escucha telefónica en la cual la novia de Almada le contaba a su abogado lo que les había pasado, los imputará el jueves por exacciones ilegales, incumplimiento de deberes de funcionario público y la portación ilegal de tres armas de fuego, ya que al allanar los domicilios de los policías se halló otro revólver.
Desde la cárcel
La detención de los policías se originó en una investigación de Socca contra la banda de Gerez, una gavilla orquestada y dirigida desde la cárcel con el objetivo de copar a los tiros la zona de Ludueña para manejar la venta de drogas allí. En ese sentido, la organización es considerada uno de los motores de la espiral de violencia que se apoderó de ese barrio, Empalme Graneros y Larrea donde hubo casi medio centenar de crímenes en lo que va del año.
Liderada desde el penal de Piñero por “Andy” Benítez y Julián Aguirre, se presume que Matías César tuvo que ver con el armado de la banda, de lo que se desprende su posible vinculación con la facción de Los Monos que encabeza Ariel "Guille" Cantero. En cuanto a Gerez, era buscado como el gerente de la banda en la calle hasta que fue detenido en mayo pasado.
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La pesquisa llegó al punto de allanar más de 50 domicilios en un operativo en conjunto con la Justicia federal, que requirió otra docena más. Ese despliegue previsto para el pasado 22 de agosto, explicaron fuentes allegadas a la investigación, implicó tener que avisar a distintos jefes policiales una semana antes cuáles iban a ser los lugares para poder organizar el operativo en forma simultánea y coordinada.
Esa información llegó a oídos de dos efectivos del CRE que cuatro días antes estacionaron la camioneta policial en French al 1300 cerca de la casa de Almada, hijo de un ex policía. A partir de lo narrado al día siguiente por la novia del sospechoso a su abogado, y con los elementos colectados por el fiscal para confirmar esa versión como el análisis de los equipos de GPS de los patrulleros, Russe y Páez esperaron a que alguien saliera de esa casa.
Los efectivos vieron salir un auto y lo siguieron unas cuadras hasta que hicieron que se detuviera. En el vehículo estaban Almada y su pareja. Los uniformados le dijeron al muchacho que sabían quién era, que los jefes de los policías les habían pedido su cabeza y terminaron sacándole diez mil pesos para dejarlo ir.
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Cabe recordar que Almada no fue detenido en el operativo que el 22 de agosto saturó las calles de Ludueña con cientos de policías sino que cayó un día después en un departamento del microcentro. Días después fue imputado como organizador de la banda, al nivel de Gerez, en una extensa audiencia que culminó con cerca de 30 imputados
Con tres 22
Finalmente, con buena parte de la banda de Gerez tras las rejas, Socca fue por los policías que habían extorsionado a Almada. La investigación condujo a Russe y Páez. Efectivos de ACP los interceptaron en pleno patrullaje, requisaron el móvil y también allanaron sus respectivos domicilios.
En poder de los sospechosos se secuestraron, además de sus armas reglamentarias, dos revólveres calibre 22 (el otro fue hallado en la casa de uno de ellos) sin papeles, 19.500 pesos, una computadora y un pendrive. Entre otras cuestiones, la investigación intentará dilucidar para qué tenían esas armas de las que suelen denunciarse como “plantadas” en operativos ilegales.