Tras la sustancial y docta aportación de David Solomonoff y Jorgelina Collela no puedo menos que inferir, desde mi veterana empírica e intuición de “carne propia”, que los poderosos laboratorios del hemisferio norte tienen la potestad de monopolizar durante 20 años un fármaco vital, en tanto los humanos del 3er y 4to mundo imposibilitados de acceder a los enormes costos del producto se mueren “sin remedio”. Luego es posible copiar el principio activo y a pesar de mis dudas, que no son intelectuales, abaratarlos a un costo sorprendente. Si alguien pregunta al suscripto por una solución pierde el tiempo. No la tengo, aunque existe pero equivale a una revolución de la cual estamos a años luz. Es cotidiano leer o escuchar los reclamos de la gente ante la formación de precios en las góndolas de comestibles. No ocurre lo mismo con los medicamentos. Estos aumentan sin previo aviso. Quizá el paliativo de los descuentos por obras sociales hace que pasen desapercibidos o simplemente porque comer es una necesidad horaria y enfermarse es un hecho contingente. Por último queda ilusionarse con el advenimiento de políticas de estado que un día superen ese tiempo y espacio del “mercado” que inhabilita al ciudadano común a subsistir por 20 años,...si tiene suerte.






























