Final inédito de la alocada corrida de un ladrón: se encerró en un baño
El plan salió mal para un par de asaltantes ayer al mediodía. La cosecha había sido más bien
magra en la veterinaria de Laprida y Cochabamba: unos 300 pesos y celulares de empleados y clientes
conformaron un escuálido botín, cuando la policía ya les estaba pisando los talones. Uno alcanzó a
escapar a toda carrera atravesando la plaza López. El otro se mandó una corrida de película hasta
la avenida Pellegrini, cruzó la doble calzada, ingresó a toda velocidad a una heladería, pasó
frente...
15 de enero 2010 · 01:00hs
El plan salió mal para un par de asaltantes ayer al mediodía. La cosecha había sido más bien
magra en la veterinaria de Laprida y Cochabamba: unos 300 pesos y celulares de empleados y clientes
conformaron un escuálido botín, cuando la policía ya les estaba pisando los talones. Uno alcanzó a
escapar a toda carrera atravesando la plaza López. El otro se mandó una corrida de película hasta
la avenida Pellegrini, cruzó la doble calzada, ingresó a toda velocidad a una heladería, pasó
frente a varios clientes, algunos hasta lo vieron blandir una 9 milímetros. Después trepó a los
techos y continúo la alocada fuga saltando de casa en casa. Así llegó a un departamento de pasillo
donde los nervios le jugaron una mala pasada: al verse descubierto por la dueña de casa y un vecino
del condominio se refugió, insólitamente, dentro del baño de la vivienda.
Aventura a mediodía. Hugo Fleitas, de 28 años y oriundo de barrio La Tablada, terminó su corrida
delictiva encerrado en el baño de la casa donde pretendió esconderse. “Este no debe ser
choro. Más vale que se ponga un quiosco, no—”, bromeó Juan, un vecino que presenció parte de
la secuencia en la que delincuente corría, haciendo equilibrio sobre las chapas del tinglado de un
estacionamiento, un segundo antes de irrumpir en el departamento G de Maipú 1641.
Algunos dijeron que en realidad lo que quiso hacer fue presionar a la
dueña para que llamara por teléfono y pedir que alguien lo pasara a buscar en auto para sacarlo de
ese atolladero. “Quedate tranquila, que me vienen a buscar y me voy”, le habría dicho a
la aterrada mujer.
Algo poco probable, ya que a esa altura de los acontecimientos, y
gracias a la gran cantidad de testigos que vieron al ladrón en fuga y orientaron la búsqueda,
varias dotaciones policiales habían cercado la manzana cortando el tránsito en la zona aledaña a
Pellegrini y Maipú.
Un verdadero revuelo fue lo que provocaron dos asaltantes a pocos metros
de la plaza López. Ya era mediodía y toda la zona, por Pellegrini al 800, “era un quilombo de
gente por todos lados”, según contó a La Capital Juan. Todo había arrancado a una
cuadra de allí, cuando dos muchachos ingresaron a robar en la veterinaria de Marcelo Amorelli,
ubicada en Laprida y Cochabamba.
En ese momento había allí dos empleados y tres clientes. Según fuentes
policiales, uno de los ladrones, que sería Fleitas, exhibía un arma de fuego y bajo amenaza de
muerte se apoderó de unos 300 pesos en efectivo y pertenencias de las víctimas. El atraco duró poco
tiempo, pero el suficiente como para que un vecino advirtiera la acción dentro del negocio y se
comunicara de inmediato con el 911.
Efectivos del Comando Radioeléctrico, Patrulla Urbana y de la seccional
4ª comenzaron a confluir en el lugar justo en el momento en que el dúo emprendía la fuga. Uno de
los ladrones, el que lograría escabullirse, escapó por la plaza López al este.
Como un gato. El asaltante que portaba el arma de fuego, en cambio, encaró hacia Pellegrini. Y
no tuvo mejor idea que ingresar como un rayo en la heladería Esther, entre Laprida y Maipú. Pasó
entre las pocas mesas ocupadas y ante la mirada atónita de las empleadas. Al principio creyeron que
era alguien que iba al baño, pero enseguida vieron el arma y cundió la alarma.
El individuo enfiló hacia el fondo del negocio. “Agarró una de las
sillas, la apoyó contra la pared en la parte más bajita y trepó para salir por el techo. Al ver el
revólver nos asustamos, pero por suerte fue todo rápido”, recordó ayer a la tarde una
empleada de Esther. El fugitivo entonces avanzó hacia el centro de la manzana. Así, pasó sobre el
tinglado de una cochera que está sobre Maipú al 1600. El encargado contó que alcanzó a ver cómo
Fleitas, aún con el arma en la mano, trastabilló seriamente, a punto de caer al piso, al quebrarse
una de las chapas.
“Quedó tambaleando, pero siguió y se metió en un departamento de
al lado. Creo que no bajó acá porque vio que yo estaba con dos clientes. Después nos dimos cuenta
que había tirado el fierro sobre las chapas”, sostuvo el testigo. El periplo del ladrón
terminó cuando logró meterse al departamento G de Maipú 1641.
Allí vive una mujer de 28 años con su bebe de 20 días, al que en ese
momento amamantaba. Según contó Juan, el ladrón estuvo cara a cara con la muchacha hasta que acertó
a llegar de casualidad por allí Juan Carlos, otro habitante del mismo pasillo, quien necesitaba
acceder a la terraza de la mujer.
La imprevista llegada de ese hombre hizo que Fleitas tuviera una
reacción inesperada: esconderse en el baño de la casa.
Juan Carlos entonces puso llave y junto con la mujer salieron a la calle
a pedir auxilio. La policía había cercado la manzana y varios uniformados ya peinaban las azoteas
en busca del asaltante. Así lo agarraron. l