Ante la proximidad de las fiestas de Navidad y Año Nuevo es oportuno recordar que el uso de la pirotecnia conlleva importantes riesgos para la salud de las personas adultas y puede resultar trágico en manos de criaturas. En 2008 la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su Informe Mundial sobre Prevención de las Lesiones en los Niños advertía sobre la inconveniencia de manipular elementos de pirotecnia. Quemaduras, problemas auditivos (los bebés son los más afectados) lesiones oculares y hasta ceguera pueden ser producidas por el uso de petardos o fuegos de artificio. A los potenciales heridos –muchas veces de gravedad – se agrega la indudable molestia que para muchas personas constituye el estallido de, por ejemplo, petardos de alto poder capaces de producir un fuerte estruendo. También causan pánico a animales domésticos y silvestres, que huyen desesperados en busca de refugio. Además de efectos visuales y sonoros, los fuegos artificiales tienen efectos fumígenos que afectan al medio ambiente: sus colores luminosos se deben a una gran variedad de químicos tóxicos. Es necesario un cambio cultural sobre el uso de la pirotecnia, que si bien no se logrará de un día para otro, debe comenzar ya. En el Concejo de Villa Gobernador Gálvez se encuentra un proyecto de ordenanza para la prohibición de la pirotecnia en esa ciudad. Ordenanzas sobre esta misma temática han sido aprobadas en Casilda, Venado Tuerto y Cañada de Gómez. El profundo sentido religioso de estas fiestas merece que evitemos la pirotecnia para que la celebración se realice en paz, cuidando el medio ambiente y la salud de personas y animales.




























