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En el desierto de los huarpes

Miércoles 01 de Abril de 2009

A tres horas de la capital mendocina, en pleno desierto, Natty Petrosino también trabajó junto a comunidades huarpes. En el extremo nordeste de Mendoza y cerca de San Juan, el departamento Lavalle es habitado sólo por unos 600 puestos, como denominan a los ranchos de adobe donde viven descendientes de los indios huarpes.

Tras una década con los wichis en Formosa, llevó su tarea a los descendientes de huarpes. A los 67 años hacía casas de material con 50 grados en verano y 15 bajo cero en invierno. "No podemos dejar que se los coman las vinchucas y sufran el calor y el frío", decía la mujer.

Siempre aclaró no pertenecer a ningún grupo religioso o entidad porque cree en "la libertad de no pedir permiso".

"Soy católica en el sentido de universal. Amo a Jesús y a grandes que vinieron al mundo a hacer algo, como Buda y Zoroastro o Ghandi y Teresa de Calcuta". Pero también resalta que nunca influyó en costumbres religiosas y cosmovisión de los pueblos ancestrales con los que convivió.

Sobre su labor, explica que a sus obras se acercan voluntarios deseosos de ayudar sin cobrar un solo centavo.

"No recibimos sueldos ni los pagamos. No manejamos dinero y todo lo que nos dan son alimentos y materiales que distribuimos o utilizamos en construcciones", aclara.

Su imagen atrajo a no pocos políticos y le ofrecieron cargos en Buenos Aires, pero ella explica por qué los rechaza: "Para tener manos libres. Jamás voy a aceptar, no podría pertenecer a un grupo que me ponga limitaciones".

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