Edición Impresa

"El violín de Dios"

Sábado 25 de Abril de 2009

Sixto Palavecino, llamado "El violín de Dios", estuvo en Rosario los primeros días de diciembre último para recibir el doctorado honoris causa de la Universidad Nacional de Rosario. También fue homenajeado en el Centro Cultural Rivadavia y el Concejo Municipal lo declaró visitante distinguido. El folclorista mantuvo en esos días una charla reveladora y cargada de recuerdos con el periodista de La Capital Orlando Verna.

–¿Qué significa para usted este reconocimiento?

–Estoy muy agradecido de todo Rosario. Lo que me va a entregar la UNR es lo más grande que he recibido. Tengo muchos reconocimientos por todos lados (en 1997 la Presidencia de la Nación lo homenajeó por su aporte cultural), pero declararme doctor es una cosa muy especial para alguien como yo que ha nacido en los montes, en un paraje que se llama Barrancas. Ahora yo digo qué casualidad es que yo que soy de Barrancas reciba este honor en las barrancas donde Belgrano hizo flamear por primera vez nuestra bandera argentina cuando nos dejaron libres.

–¿Verdad que anda con un violincito que hizo usted mismo cuando era chico?

Sí, es un violincito que yo he hecho. Y he aprendido música y a tocarlo solito. Primero, cuando tenía seis o siete años, juntaba botellas vacías y las paraba según el sonido, de agudos a graves. Hacía una media luna y me paraba con dos palitos y cantaba haciendo el compás. Con las botellas sacaba las chacareras. Y con la esquina de la boca hacía el violín.

–¿Lo hacía como jugando?

–Cuidaba mi majada, cabras, ovejas, vacunos, yeguarizas. Con ellos vivíamos, sembrábamos para nuestro consumo y el de los animales. Y mientras tanto en un hueco de un añoso quebracho yo tenía paradito guardado el violincito, porque mi madre me decía que no me iba a dejar aprender porque mañana iba a ser un borracho, un calavera. Porque esa fama tenían los musiqueros.

–¿Qué recuerda de aquella época?

–A los diez años entré en la escuela. En mi casa el habla diaria era quichua. Yo nunca había hablado una palabra castellana. Allí aprendí el idioma.

–¿Extraña aquel lugar?

–Yo soy criado en esos montes vírgenes que ningún hombre tocó. Quebrachos colorados, algarrobos y yo conozco cada planta de ese lugar, los remedios que pueden salir de allí para cada enfermedad.

–¿Cuándo fue a la ciudad?

–Después ya nos fuimos a la ciudad, de grande, con mis hijos y con mi señora, allí puse una peluquería. He conocido de todo pero más he conocido el monte, los animales, los pájaros, a todos los conozco perfectamente y así me quedo.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS