Suscribo total y absolutamente lo expuesto por el señor Arrabal en esta sección en fecha 13 de agosto. Dicho exponente pareciera tan sabio como hace referencia el título. A los adultos mayores, con capacidad para razonar, reflexionar y exponer con semejante altura como el referente, no escapa que una lamentable desidia ha cubierto a una buena gama de responsables que con una falta de respeto por nuestro pasado, han tenido el proverbial descaro que caracteriza a los miopes mentales, de entronizar, no sólo aquí sino en el resto del mundo, la aborrecible idea de modificar aquello que más nos caracterizaba: el acervo musical, artístico y deportivo. Por estas alturas, es prácticamente imposible retornar al pasado aunque más no sea en la recordación; nadie se ocupa de ello. Cada uno analizará por lo que le corresponde, pero convendrá conmigo que en los medios, las producciones tienen otras opiniones y los resultados están a la vista. Como de costumbre, el poder si pretende intervenir en modificar la calidad de las ofertas, tiene un aluvión de reclamos, presentaciones judiciales. El caso de la pretendida censura al desaparecido Tato Bores, por parte de una jueza federal aún en ejercicio de sus funciones, determinó que un nutrido grupo de actores demostrara su repudio a la medida a través de la TV. lo que sentó un precedente más que elocuente, en el sentido de que las autoridades no deben inmiscuirse en lo que se denomina libertad de expresión. Otrora, el censor más caracterizado, "monseñor" Tato, tijera en mano, disponía lo que convenía y lo que no. Sin embargo, la conducta de los afectados no se hizo ni pública ni notoria. Es una verdadera lástima que buena parte de la juventud y aquellos de mediana edad, no conozcan nuestro pasado en las disciplinas mencionadas precedentemente. No se pretende interferir, pero si se dedicara buen tiempo al repaso de nuestra historia, la posibilidad de erradicar "chatarra" no cultural, redundaría en beneficio de una sociedad que ya está harta de tanta demostración de atentado al buen gusto, lenguaje soez, idioma deformado, demostraciones cuasi obscenas de damas con vestuario de criaturas como si tuviesen calor permanentemente como consecuencia de los rayos de luz emanados por los equipos específicos, con conductores de programas que en lugar de hablar se dirigen al público a grito pelado. Hay que demostrar a muchos que en algún momento nuestro país se caracterizó por su buen gusto en aceptar emisiones respetuosas que de veras no se trataban de dar bofetadas al sentido común. A propósito, a los amantes del cine, les recomiendo traten de conseguir la película "El que recibe las bofetadas", de ese grande que se llamó Narciso Ibañez Menta, y realmente van a apreciar una labor actoral como solo él era capaz de llevar a cabo. ¿Alguno lo recordará? Tal vez quede alguien que se anime a revolver el arcón de los recuerdos, y verá la calidad de un pasado inescrupulosamente olvidado.






























