Me sorprenden los razonamientos de quien dice adherir a la fe católica, pero maneja categorías extrañas a la misma, pudiendo confundir a los lectores. Más allá de algunos ejemplos de comportamientos, no puedo dejar de expresar la sensación de injusticia que me dejó su carta. Injusticia con una Iglesia que es la única institución de nuestra sociedad que pidió perdón por sus acciones y omisiones durante el gobierno de la Junta Militar; que sufrió en carne propia la violencia de los extremismos de izquierda y derecha, que anuncia el Evangelio con el testimonio y la palabra en miles de barrios y ciudades a través de miles de fieles, que invita a avanzar en la amistad social y en la cultura del encuentro (declaración Felices los que trabajan por la paz del Episcopado argentino 08-05-14), que predica la conversión personal (el cambiarse a sí mismo) desde mucho antes que lo descubriera Tolstoi (Mt 3,2.). Comparto su preocupación por hacer algo por la humanidad. Su carta no me parece el modo.






























