Escuché un comentario en un noticiero de televisión, en el que se decía que desde la Municipalidad se proponen proteger del vandalismo los monumentos del Parque Independencia, colocando rejas a su alrededor, lo que se haría de noche y se retirarían de día. Días atrás se robaron del parque los equipos que se utilizaban para las aguas danzantes, los que la Municipalidad enseguida estuvo dispuesta a reponer. Otra noticia, esta vez por la radio daba cuenta de que en un colectivo que circulaba por avenida Eva Perón al 5600, fue abordado por cuatro "chicos", como acostumbran llamarlos por los medios, los que con exhibición de armas robaron todo lo que quisieron al pasaje y se retiraron tranquilamente. Cuando el conductor invitó a los pasajeros a acompañarlo para hacer la denuncia, ninguno quiso hacerlo alegando que de todas maneras sólo serviría para perder el tiempo, ya que en apariencias todos eran menores y que por serlo gozan de una impunidad total. Esto me lleva a pensar en algunas de las soluciones propuestas o llevadas a cabo para combatir la inseguridad, por ejemplo la de los corredores seguros, por donde se supone deben circular los taxis y colectivos para no ser asaltados ante la negativa de algunos conductores para circular por determinados parajes inseguros, donde con frecuencia son atacados a piedrazos, asaltados y golpeados o acuchillados o baleados. O de la poda y escamonda para que en las veredas donde hay árboles se filtre mejor la luz. De los choros no se habla, pasan por la puerta giratoria. Vemos también casi a diario que cuando la policía actúa en algunos lugares para realizar algún arresto a algún arrebatador o asaltante que corre a refugiarse a los lugares de donde proviene, sorprendido in fraganti e identificado sin lugar a dudas, es recibida con insultos piedrazos y todo tipo de agresiones por los vecinos del fugitivo, encontrando como agregado la condena de algunos sectores de la prensa siempre dispuestos a disparar la foto o la lengua para cuestionar la "represión". ¿Hasta cuándo esta sociedad va a tolerar sin reaccionar este dislate, donde la víctima de un delito es dejada de lado y el victimario goza no sólo de todos sus derechos, además de la tolerancia y la justificación de quienes están a cargo de aplicar la ley con la consiguiente impunidad? ¿Hasta cuándo seguiremos escuchando el sabio consejo de las autoridades o algún locutor de radio, que nos recomienda no llevar encima objetos de valor, como celulares o zapatillas de marca para evitar disgustos? ¿Este es el país que merecemos? ¿Esto es lo máximo que nos pueden ofrecer? ¿Tenemos que resignarnos a vivir nosotros y nuestros monumentos tras las rejas, mientras los choros, policías corruptos, traficantes, estafadores, y demás amigos del poder, que en las más altas esferas del gobierno nos despojan impunemente y se enriquecen a costa nuestra, pasean orondos por las calles? ¿Hay futuro para una sociedad que se burla de la ley en todos los niveles y no me refiero sólo a la de los abogados, me refiero a la legítima, a la que cuida a todos sin diferencias sociales, a la que todos debemos cumplir. ¿Habrá futuro para un país aun grande y generoso como el nuestro cuando consigan como se lo proponen destruir la clase media, la que a pesar de los esfuerzos denodados por hacerlo, sigue firme en su papel del pato de la boda? ¿Hay futuro para una sociedad sin premios y castigos? Escuchamos con frecuencia que la inseguridad es un problema originado en la marginalidad y que se combate con asistencialismo, educación e inclusión, en lo que todos estamos de acuerdo, pero todos sabemos que estos principios son utilizados sin escrúpulos para comprar votos, adhesiones y participación para defender los intereses del Robin Hood de turno. Y mientras esos loables propósitos nunca llegan a dar frutos, ¿qué hacemos? ¿Seguimos otorgando derechos a todos y todas, seguimos liberando choros, choritos y chorazos, criminales, reincidentes, recontra reincidentes, menores, mayores, para todos los gustos y les garantizamos algún subsidio, salud, educación y el respaldo de un sistema que los cuida y los protege? Este no es el país que quiero, mis nietos merecen mucho más que esto. Sólo me queda esperar que en la mayoría de los habitantes de este, mi país que quiero, brote la semilla de la rebeldía en la forma de un repudio contundente hacia quienes hoy nos gobiernan. Todavía somos más, no nos dejemos arrebatar lo que nos costó una vida conseguir, nuestra dignidad.






























