No quisiera pecar de iluso obviando la realidad del juego político que lleva a los candidatos a intentar aunar fuerzas entre ellos y a criticar al gobierno de turno en pos de sumar adherentes, de eso nadie está exento claro está. El problema surge cuando éstos no tienen nada más para ofrecer, o al menos eso parece, y toda la opinión pública gira en torno a estos dos hechos. Por eso es entendible que el líder de la oposición sea hoy un periodista. No se me malinterprete, la denuncia es saludable y muchas veces justificada, pero cuando no se propone mucho más que eso es difícil sopesar sus capacidades como gestores, tal vez por eso haya tantas marchas sin banderas aunque terminen siendo un arma de doble filo ya que la oposición lejos de ofrecerles propuestas que respondan a sus reclamos, se empeñan en mancomunar a tantos candidatos como sea posible, algunos hasta plantean la opción de unirlos a todos dentro de una misma boleta. A este paso no resulta descabellado que se postule Roberto Carlos con su millón de amigos, de todas formas el único objetivo reconocido es derrotar al oficialismo.


































