Ya pasó fin de año y la cronología ¿impone? el insoslayable balance que responde, en muchos casos, a un mandato cultural más que a una decisión personal. Los recuerdos incluyen a los buenos momentos vividos, los regulares y los malos. Los enfoques para analizar lo transcurrido en el año que pasó son diversos: espiritual, afectivo, económico, entres otros. Los anhelos compartidos, deseos personales que se han llevado a cabo o no, conforma el debe y el haber del balance de fin de año. Pero no siempre hay algo para festejar. El no celebrar el fin de año puede ser considerado como una actitud negativa o pesimista, máxime en una sociedad donde se trata de imponer pautas sociales que todos deben acatar. Que haya personas que puedan festejar y reír es muy bueno. Todo lo contrario cuando se trata de imponer la idea de que hay que estar contento porque así lo determinan las circunstancias. El respeto hacia el estado de ánimo del otro se torna imprescindible. Sería deseable, que cada uno haya podido estar, para estas fiestas, de la mejor manera posible y que no se haya sentido solo, pero en el caso de haberlo estado por una decisión personal, hay que respetarla. Para esa persona puede ser la mejor elección tomada, aunque nosotros consideramos lo contrario.






























