Qué tiene que hacer un hombre cuando debe enfrentarse al poder. A todos nos toca agachar la cabeza en algún momento de la vida frente al sistema que gobierna nuestras vidas. Ahora, ¿qué hay que hacer cuando el poder sobrepasa toda regla y norma, y te priva de la libertad? ¿Hay que escaparse? ¿Matar a todos los malos como en las películas? ¿Recurrir a políticos, abogados, defensores del Pueblo, sabiendo que todos trabajan para el poder? ¿O sólo vivir angustiado, frustrado hasta morir? Este es el caso de mi amigo Luis Salvador Martínez, poblador de las costas del Paraná de toda su vida. Pescador, cazador, muy buena gente, siempre su rancho estaba lleno de visitantes de todos lados. Hasta que llegó el poder, y lo sumió en desesperanza. Le puso alambrado y portones con candado a su vida, a su única manera de sobrevivir, salir todos los días desde su rancho hacia el pueblo a vender pescados, y a su vez, prohibiéndole que las personas lo visiten, llevándole lo mínimo para poder vivir, ropa, agua y comida. En la costa del río, nunca falta un pescado para comer, ni agua para tomar, pero imagínense ustedes tomando agua del río todos los días, o comiendo todos los días pescados sin sal, sin pan. Todo porque una empresa no quiere definir qué hacer con él. ¿Sólo lo dejan al olvido para que muera solo en su rancho? El poder oprime al ser humano así, hasta desgastarlo en su interior y en este caso el poder tiene nombre: la empresa Profertil, quien encerró a este hombre en la costa del río Paraná entre Timbúes y Puerto San Martín, sin posibilidades de nada.



































