Nuestra hija Emilia es una joven estudiante universitaria mendocina, becada en Francia, como tantos. Allí, inesperadamente, esta aprendiz de socióloga, murguera, aikidoka, futbolera hincha de Boca, padeció repentina e inesperadamente un problema grave de salud. La respuesta del Estado francés (un Estado de bienestar que todavía se mantiene) fue inmediata y buena. Lo mismo la universidad. Pero es de imaginarse la angustia de una joven argentina enferma en otro país (desde otro idioma hasta falta de los cotidianos marcos de afecto tradicionales, empezando por su familia). Apareció en ese ínterin un médico rosarino, de los tantos argentinos obligados a dejar su tierra, consagrado académicamente en el mundo, a quien recurrimos desesperados desde 15.000 kilómetros de distancia, que mostró su hombría de bien, nobleza y solidaridad hacia connacionales en apuros, a quienes no conocía. El doctor Juan Carlos Chachques se hizo cargo del tema: en su conciencia y corazón y nos ha acompañado, especialmente a Emilia, con su consejo y aliento, en forma permanente y hasta conmovedora. Un médico de reconocimiento internacional que mantiene viva su vocación de ser útil, y la ejerce. Sea éste un público reconocimiento a él y a muchos rosarinos que nos ayudaron, bancando y compartiendo la angustia.






























