El dinero, ¿contribuye a la felicidad? A diferencia de lo que dice la sabiduría popular, la ciencia tiene otra respuesta: sí. Al menos hasta determinado nivel de ingresos.

El dinero, ¿contribuye a la felicidad? A diferencia de lo que dice la sabiduría popular, la ciencia tiene otra respuesta: sí. Al menos hasta determinado nivel de ingresos.
La sensación subjetiva de felicidad de los norteamericanos, por ejemplo, aumenta hasta unos ingresos anuales de 75.000 dólares (6.250 dólares al mes). Más allá de esta cifra, un aumento en los ingresos no significa necesariamente mayor felicidad debido al estrés que se sufre en los trabajos muy bien pagos y el poco tiempo que dejan para otras actividades.
En sus investigaciones, Deaton siempre se centró en el bienestar, la pobreza y el consumo. De esta forma, también influyó en la política. Deaton se ocupó de analizar cómo dividen su dinero para la compra de distintos bienes los consumidores. Con su método se puede evaluar qué sectores sociales se ven más afectados por un aumento del IVA a los alimentos. O quiénes son los ganadores y perdedores de las modificaciones en los impuestos a los ingresos.
Deaton investigó cuándo ahorran los consumidores y cuándo gastan. Para ello partió de los ingresos individuales y no de los del país o un consumidor promedio, como se hacía antes.
Para Deaton los ingresos de un hogar fluctúan en el tiempo mucho más que los ingresos totales de la población. Y cada persona basa sus gastos en la suma con la que cuenta en el momento.
También demostró que la alimentación deficiente no genera pobreza, sino que es una consecuencia de ella.
Además, encontró indicios de que, si los ingresos son bajos, los padres tienen tendencia a privilegiar a los varones y dejar atrás a las niñas en cuestiones como alimentación y educación.


