Buenos Aires.— El Tribunal Oral en lo Penal Económico Nº 2 juzgará a Mario
Roberto Segovia por el contrabando a México de casi 300 kilos de esa sustancia que se usa como
precursor para la elaboración de drogas sintéticas y por la importación ilegal de dos productos que
permiten fabricar armas químicas.
El tribunal, integrado por los jueces Claudio Gutiérrez de la Cárcova, Luis
Losada y César Osiris Lemos, buscará llevar a juicio ambas causas de manera conjunta aunque todavía
no fijó fecha para el inicio del proceso. Voceros tribunalicios estiman que recién podría ser para
marzo o abril del año que viene.
El grupo implicado. Segovia está sospechado en distintas causas de haber
traficado, en dos años, cinco mil kilos de efedrina usada como precursor químico para elaboración
de drogas sintéticas. En una de las causas por las que irá a juicio se lo presume autor del
contrabando agravado de 294 kilos de efedrina hacia México a fines de 2007, disimulado en 12
toneladas de azúcar, desde un depósito fiscal en Capital Federal.
Por este hecho también están procesados e irán a juicio otras seis personas,
entre ellas dos rosarinos: el propietario del depósito fiscal Sadocks del barrio porteño de
Barracas, Rubén Alberto Galvarini, y su hijo Rubén Darío Galvarini.
De acuerdo a constancias del sumario Segovia, bajo falso nombre de Héctor
Benítez, habría acopiado en dos años alrededor de 5 mil kilos del precursor de drogas sintéticas
ilegales. Los otros procesados por el juez Marcelo Aguinsky son los empleados aduaneros José Luis
Sicardo y Andrés Enricci, el despachante Maximiliano Iñurrutegui y la empresaria Alicia Colángelo,
titular de la firma Euromac S.R.L.
En la causa se investigó el contrabando de 294 kilos de efedrina, agravado por
la intervención de funcionarios públicos Aguinsky sostuvo que, para burlar el control aduanero, la
efedrina y pseudoefedrina fue acondicionada en bolsas de nailon transparente que simulaban tener
azúcar en su interior, las cuales, a fines de 2007, fueron despachadas hacia México.
Según el juez "Segovia habría sido quien proveyó la efedrina y pseudoefedrina a
Gómez y a los Galvarini (padre e hijo)" quienes compraron el azúcar a exportarse y facilitaron el
lugar físico (depósito fiscal) en el que se acondicionarían las sustancias. Los Galvarini se
habrían contactado con Iñurrutegui para ofrecerle el negocio y que les presentara una firma con
Registro Nacional de Exportadores —necesaria para la exportación de azúcar— que resultó
ser Euromac S.R.L.
Enricci y Sicardo aparecen como quienes "brindaron a la maniobra el marco de
legalidad necesario para asegurar la total impunidad de los involucrados".
Operaciones. El juez concluyó que "la empresa South American Docks S.A".
—de Rubén Alberto Galvarini— tuvo intervención en la recepción de la respectiva
documentación para despachar la mercadería a México.
La vinculación de Segovia con el hecho surge, según Aguinsky, de múltiples
indicios recolectados, como documentación en poder de los otros procesados, la extensión de una
tarjeta de crédito de uno de los imputados y las intervenciones y escuchas telefónicas realizadas
en el sumario.
Segovia también tiene elevada a juicio otra causa en la que está acusado por
contrabando de aconitina y tentativa de contrabando de ricinina, dos sustancias que pueden servir
para la fabricación de armas químicas, procesado en este caso por el juez federal porteño Ezequiel
Berón de Astrada.