Días pasados, en rueda de amigos, comentábamos ciertos aspectos de la vida en nuestro país en años anteriores. Para ejemplo, un empleado nocturno del kiosco de revistas de Corrientes y Pellegrini, que en el pasado permanecia abierto las 24 horas, cuando tomaba su turno por la noche para pasar practicamente entera la misma en su puesto de trabajo, ni en broma se le cruzaría por la cabeza que correría algun tipo de peligro en cuanto a un hecho de inseguridad. Hoy, deciamos con mis amigos, sería imposible mantener abierto el negocio en esa esquina, sin mencionar el peligro que correría el empleado, pero más impensable nos hubiera resultado, ya entrando en la materia que me lleva a escribir esta carta, pensar, hace tiempo atras, que una joven tomaría una pistola 9 milímetros e iría derecha a asesinar a dos chicas jóvenes. Además que a uno le causa pena e impotencia cuando lee o se entera de hechos hoy denominados "violencia de género" ejercidos cobardemente contra mujeres indefensas, cuesta creer que una chica joven, que tendría que estar edificando sueños a concretar en el futuro (estudiar, recibirse, casarse, tener hijos, formar una familia, divertirse), hoy viste un uniforme carcelario y prácticamente pasará la mitad de su vida arruinada por propia voluntad y determinación en una prisión conviviendo con otras reas. Si por un instante dejamos a un lado la monstruosidad de su accion, el dolor causado a los familiares de las dos victimas y a sus propios familiares (si es que estos son gente honorable) y dejando para lo último (lo que está en realidad en primer lugar) en si el irreparable hecho causado: la perdida para siempre de dos vidas jóvenes, una de ellas, por si fuera poco, totalmente ajena a una disputa previa absurda entre una de las víctimas y la asesina, sin considerar también que no se haya mencionado en absoluto en que hábitat se movía esta joven como para haber tenido con tanta facilidad acceso y la portación de un arma de fuego, nada menos (si la joven Rocío no era una pistolera o delincuente, lo menos que uno tiene que pensar es que en este penoso hecho hay al menos dos culpables, la que asesinó y quien le facilitó el arma).






























