La Justicia sigue acumulando evidencias sobre Ricardo Albertengo, el autor del
frustrado atraco en una clínica de cirugía estética que derivó en una toma de rehenes el martes
pasado. Es que, según testigos que van apareciendo, es el mismo hombre que asaltó al menos cuatro
consultorios médicos del macrocentro de la ciudad en el último mes.
Paula Micelli es psicóloga, trabaja en los consultorios de 9 de Julio 2520 y es
una de las víctimas de los delitos que ahora se le atribuyen a Albertengo. Según contó la
profesional a LaCapital, a las 8.45 del jueves 15 de octubre, un hombre que dijo llamarse Félix
Almada acudió a su tercera entrevista con otra profesional de ese centro de atención.
El paciente, de aspecto prolijo y vestido de sport, entró al consultorio con la
misma tranquilidad con la que había actuado en las dos ocasiones anteriores. Antes ya había pagado
los 60 pesos que salía la sesión y tenido una entrevista con un psiquiatra al que lo había derivado
la profesional que lo atendía. Pero una vez adentro del lugar, la psicóloga que lo atendía se quedó
pasmada cuando su paciente desenfundó un arma de fuego y la encañonó. "Dame la plata que tenés
encima", le ordenó.
Una vez que logró su cometido, el asaltante caminó con la profesional en
dirección a la cocina. Allí estaban Paula Micelli y otra colega, Raquel B. Entonces, "siempre con
un tono amable", recordó la profesional, el visitante les preguntó "qué profesión" tenían ellas y
"cuáles eran los nombres de los pacientes" que esperaban.
Sin inmutarse, el ladrón esperó y fue recibiendo a esos pacientes a medida que
fueron llegando y, exhibiendo dos armas de fuego, los obligó a ir a la cocina donde seguían
encerradas Paula y sus colegas. Veinte minutos después, Albertengo tenía retenidas a diez personas
entre pacientes y psicólogos.
Según un mail que circula entre los psicólogos rosarinos para advertirles sobre
lo ocurrido, el maleante "dejó encerradas a nueve" de las víctimas y separó del grupo a Raquel B.,
a quien le asignó una tarea: "Atendé el portero eléctrico y hacete cargo de la situación". Ante
ello, la mujer preguntó sorprendida "¿cuál situación?", pero no obtuvo ninguna respuesta.
Sin perder la calma, el ladrón continuó hablando con Raquel B. y le sugirió que
los psicólogos tienen "problemas", afirmación que obviamente la mujer no objetó. Y hasta le ofreció
pagar de su bolsillo la reconexión del servicio de gas que eventualmente estaba cortado.
Sin obstáculos a la vista, el hombre de cutis trigueño, delgado y de pelo corto
"tipo policía" , pronunció otra frase intimidante, según recordó Micelli. "La plata va y viene. Si
hacen lo que les digo esta noche verán de nuevo a sus padres y a sus hijos", exclamó el
asaltante.
En ese momento arribó al consultorio la secretaria y creyó ver una película de
Tarantino cuando se topó con la escena, pero enseguida se percató de que todo era real y terminó
sumándose a quienes estaban en la cocina del edificio.
Albertengo permaneció más de una hora en los consultorios, tiempo en el cual
"hasta cebó unos mates", contó una de las víctimas del robo. En todo ese tiempo, el asaltante
exhibió una pistola y una pequeña ametralladora a las que gatilló sin que las balas salieran,
mostró una billetera con 2 mil pesos, se rio de los chistes que él mismo contó y tuvo piedad con un
paciente: no le robó un reproductor de mp3 porque según le dijo la víctima pertenecía al padre que
había fallecido recientemente.
Antes de marcharse con 3 mil pesos en efectivo y dos teléfonos celulares, el
maleante se despidió de pacientes y psicólogos "presentándose como el personal trainner de Raquel
B. Fue una ironía, porque la psicóloga le había contado que era profesora de educación física",
dice en el mail una de las víctimas.
Otro atraco. El otro lugar donde Albertengo también dejó sus huellas fue la
clínica Pendrel, un centro de técnicas terapéuticas naturales situado en Rodríguez 459. A las 17.15
del martes 13 de octubre pasado, la silueta del maleante asomó en el instituto cuando unos 20
pacientes esperaban ser atendidos, entre ellos una ex concejala que estaba allí por una sesión de
shiatsu, una técnica oriental para armonizar la energía.
El recién llegado, de entre 35 y 40 años y con todas las características que se
repiten en uno y otro caso, estaba vestido con ropa oscura y tenía un bolso deportivo. Pero esta
vez no fue por ninguna sesión. Entró al centro directamente exhibiendo una pistola y una picana
eléctrica.
"Esto es un asalto", anunció en medio de la sala de espera. Entonces, sin que
nadie pudiera ofrecer resistencia, comenzó a controlar uno a uno a todos los pacientes. Con el arma
apuntando, los que esperaban su turno quedaron paralizados a merced del intruso, que les quitó los
teléfonos celulares y el efectivo que tenían en los bolsillos.
En ese momento, la ex edil —que prefirió reservar su nombre— sintió
que el caño del arma del asaltante rozaba su espalda. "Me ordenó que me quede quieta y nos llevó
por los consultorios con una actitud agresiva hasta que finalmente nos dejó encerrados en uno de
los consultorios", explicó la mujer en diálogo con este diario.
Casi dos horas después, lapso en el cual el maleante dio vuelta por todos los
rincones del edificio buscando dinero, arribó uno de los titulares del lugar. Sorprendido y también
amenazado, el propietario del instituto se dirigió al asaltante: "¿Vos querés plata?, yo te la
doy", fueron sus palabras.
El delincuente pareció irritarse ante semejante oferta. "Vos no me vas a decir a
mí lo que tengo que hacer", desafió. Enseguida, el dueño del instituto le indicó a Albertengo dónde
estaba el dinero y entonces el malhechor recogió unos 3 mil pesos y una computadora portátil y se
marchó.
El martes a la noche, cuando la ex concejal observaba en un noticiero las
imágenes de archivo del violento suceso que protagonizó Albertengo el 2 de abril de 1994 en el bar
La Granja no le quedaron dudas de que se trataba de la misma persona que la había asaltado. "Es el
mismo tipo, pero 15 años después", sostuvo sin dudar.
Al día siguiente pudo corroborarlo cuando distinguió su rostro anguloso en la
foto publicada en La Capital. "Además, estoy segura de que era el mismo tipo que vi en la tele
cuando lo sacaban detenido de la clínica de belleza (de Oroño al 700). A pesar de que tenía la
cabeza tapada me di cuenta por el cuerpo", afirmó la ex edil.