El empate con Ferro no fue otra cosa que un cebo de distracción. Enmarañado. Perverso. La señal futbolística que esperaba Russo no apareció y Central regaló otra muestra más de levedad y aturdimiento en el Gigante. La igualdad no alcanzó para instalar un punto y aparte, pero tampoco significó un esbozo de reacción. No actuó como plataforma de relanzamiento. Tampoco tuvo fuerza de sentencia. En realidad fue otra chance desperdiciada que sólo sirvió para estirar un estado de agonía que no encuentra un haz de luz que lo rescate. Este equipo continúa atado, preso de una dolorosa inacción y en el horizonte inmediato no asoman paliativos. El uno a uno de ayer expuso sin concesiones la preocupante realidad de un equipo que no levanta cabeza, arrastra males y quedó hundido en el último tramo de la tabla de la B Nacional. Un presente indecente, demasiado alejado de sus pretensiones iniciales.































