Estimada señora Mari Forte. Contesto su carta publicada el miércoles 26 de octubre. ¿No sabe querida señora que los muertos, nuestros queridos muertos no votan? Usted, muy respetuosamente nombra a algunos de los personajes responsables del triste estado de los cementerios. Falta nombrar a otras figuritas encargadas de hermosear lo que se ve y crean votos. Ya nos cuesta mucho dinero enterrar a nuestros seres queridos y darles el último adiós. Ante la total indiferencia de nuestros funcionarios, sólo nos queda, en la soledad de nuestro hogar, una oración al Supremo por nuestros difuntos, seamos católicos, judíos, budistas, islámicos, todos unidos en un mismo Dios y en diferentes maneras de llegar a El.






























