Hace varios años que Les Luthiers viene haciendo espectáculos con obras viejas que siguen vigentes, pero hay una porción de nuestro público tradicional que quiere ver cosas nuevas dentro de la línea de calidad, del estilo, de la limpieza de medios que tiene el grupo. Vamos a ver un espectáculo nuevo que tiene 14 títulos en el programa de los cuales 11 son totalmente nuevos.
¿Cuál es el eje del espectáculo?
Tiene un hilo conductor como otros espectáculos nuestros y en este caso lo hemos organizado en una supuesta entrevista al propio Mastropiero, nuestro compositor emblemático, tipo programa de televisión cultural donde hay un entrevistador circunspecto. A raíz de la charla van surgiendo recuerdos y obras y creo que va a ser muy divertido.
No es la primera vez que estrenan en Rosario. ¿Por qué en Rosario?
No se cuántas veces son pero deben ser unas diez. Estrenamos en Rosario desde fines de los 70. Había dos razones, una era que mis viejos vivían acá y era una buena excusa para venir a verlos y pasar unos días en Rosario. Esa es la afectiva, y la otra es algo que aprendimos de los estrenos de Broadway y Hollywood. Muchas veces no se estrenaba en Nueva York porque cuando no había redes, uno podía estrenar en el interior de Estados Unidos y cambiar después. Digamos que el New York Times no iba a un estreno en el interior. Y eso nos motivó. En el humor uno tiene mucho en qué equivocarse. El público lo sabe y es una versión muy evolucionada, pero no necesariamente terminada. En el humor pasa que hay cosas que funcionan y otras que no, entonces uno tiene que limpiarla. Cuando empezamos en los 60, Rosario y Buenos Aires es como que estaban mucho más lejos. Un medio nacional no iba a venir a ver un estreno a Rosario, y teníamos ciertos paraguas. Cuando el New York Times te bombardeaba, la obra desaparecía de cartel en una semana, no te daba la oportunidad de modificar nada. Siempre tuvimos un público lindo, muy cálido, que, entre comillas, nos bancaba.
Si para ser más popular tengo que bastardear o bajar la calidad de lo que estoy haciendo, no lo haría Si para ser más popular tengo que bastardear o bajar la calidad de lo que estoy haciendo, no lo haría
¿Seguís teniendo relación con Rosario?
Me queda muy poca familia. Vivían mis viejos, tenía un hermano, y en este momento solo tengo una prima muy querida y un sobrino a los cuales sigo viendo y nos queremos muchos.
Algunos artistas afirman, textualmente, que el público rosarino es muy exigente. Que estrenen en Rosario, ¿también tiene que ver con eso?
No, a nosotros nunca nos pasó eso, nunca lo sentimos. Pero aclaremos también que el público de Les Luthiers es muy específico. Nadie viene a ver a Les Luthiers sin tener idea de qué puede esperar. Creo que tiene un público, que a priori, le iba a gustar en líneas generales lo que les íbamos a ofrecer. Pero lo del público exigente lo sé como rosarino, no lo sé como artista.
Sos licenciado en dirección orquestal, experto en música clásica y coral. ¿Qué te llevó al humor?
Fue una especie de acuerdo conmigo mismo. Yo quería ser director de orquesta, pero me fui de Rosario porque en ese momento no había una carrera de grado en dirección, así que me fui a Buenos Aires. Allí, cuando tenía 20 ó 21 años, apareció la diversión de participar con Les Luthiers. Primero lo tomé como una diversión, después me empezó a dar un poco de plata. Terminé la carrera de dirección orquestal y empecé a armar coros de cámara. De a poco me fue permitiendo vivir de esto. Recuerdo que reservábamos una parte de nuestro tiempo para Les Luthiers.
https://graph.facebook.com/v8.0/instagram_oembed?url=https%3A%2F%2Fwww.instagram.com%2Fp%2FCk1t7WfrmdY%2F%3Fhl%3Des&access_token=EAAGZAH4sEtVABADbLEPf29LqIVhtUrcW5ylrzAWZCMWZBmWE0kwrjRYZBBk1thFa7pvDZAJAg1JX7m7W0EZBxZCF9b0SgE4zv20JCObO4gfmZByrBHAeJ2wWvc0ZAW5gtwfdZCqAAfLIZAuwg113utSeY1NgclVzZBrA9Qyid6hXqPCyDyo24yYZCBwONwGnPeyc0gbsZD
¿Cómo modificó al grupo y al trabajo la salida, primero de Daniel Rabinovich y después de Marcos Mundstock?
Y una más: en el medio, en 2017, Carlos Núñez, que había sido compañero nuestro desde muy temprano, decidió jubilarse. En lo afectivo, se nos murieron dos compinches de toda la vida. De Daniel, era amigo personal, muy cercano. Marcos estuvo con nosotros hasta 2019 cuando ya no pudo trabajar más. Estábamos muy tristes por la partida de Daniel. Vivimos tantos años con Les Luthiers... Creo que Les Luthiers define un estilo y en eso estamos, tratando de aggiornarlo. Vamos a ver qué le pasa al público. Pero con esta nueva formación estamos trabajando desde 2019, cuando Marcos tuvo los primeros síntomas. Y la verdad es que trabajamos muy bien, inclusive este año cuando amainó la pandemia.
¿Fue difícil incorporar a los nuevos integrantes?
Cuando falleció Marcos hicimos una entrada de Tato Turano y de Martín O'Connor. Fueron entradas graduales de personas que fueron metiéndose en el estilo, en el funcionamiento. De hecho este espectáculo está escrito más para ellos, no para reemplazar a Marcos o Daniel.
¿Creés que las obras de Les Luthiers son transferibles, que podrían ser interpretadas por otros artistas o sólo pueden hacerlas ustedes?
En principio Les Luthiers siempre cultivó un humor bastante intemporal, muy poco ligado a la actualidad, así que el paso del tiempo no sería una objeción. Y después, en los últimos años, Marcos decía con modestia en las conferencias de prensa que los espectáculos son como las obras de Shakespeare, el valor del texto sigue estando. Por supuesto, mientras no cambien demasiado los paradigmas alrededor, ¿por qué no lo van a poder hacer otras personas?
Nunca hicimos un humor para herir a nadie. Podemos hacer parodia o burlarnos, por ejemplo, de un político corrupto sin nombrar a nadie, pero la gente se divierte poniendo al político corrupto que se imagina en ese lugar Nunca hicimos un humor para herir a nadie. Podemos hacer parodia o burlarnos, por ejemplo, de un político corrupto sin nombrar a nadie, pero la gente se divierte poniendo al político corrupto que se imagina en ese lugar
Ya son clásicos.
Yo creo que sí, por supuesto con la humildad del caso. No son obras de Shakespeare, pero tienen algo de clásico, de imperecedero.
¿Cuáles fueron los lineamientos que se impusieron para seguir vigentes durante 55 años?
Hay unas líneas más bien gruesas, estéticas y éticas, en las que la música tiene que estar indisolublemente presente. La música raramente es música de fondo en un espectáculo de Les Luthiers. Es algo que creo que nos ha diferenciado siempre de casi todos los humoristas del mundo. No hay muchos humoristas que hagan música y que metan la música dentro de la escena. Después está el cuidado de las ideas, de las formas, de la elegancia y diría la ausencia de toda bestialidad, de malas palabras, de humor negro. Es un humor que no quiero decir blanco, pero es un humor elegante, estructuralmente cuidado. Siempre huimos de la grosería, el exabrupto. Incluso si aparece, lo hace en pequeñísimas dosis. Y otra es que nunca hicimos un humor para herir a nadie. Podemos hacer parodia o burlarnos, por ejemplo, de un político corrupto sin nombrar a nadie, pero la gente se divierte poniendo al político corrupto que se imagina en ese lugar.
Vos ingresaste en 1969, pero desde 1967 Les Luthiers atravesó todas las clases de crisis políticas y transformaciones sociales, económicas y culturales que tuvo el país. ¿Cómo atravesó el grupo esos cambios y cómo se posiciona en una época como la actual en la que se puede hacer humor por TikTok?
En ese sentido, creo que este estreno va a ser muy significativo para nosotros. Nosotros seguimos cuidando las mismas normas. Creo que somos más eficaces que antes y el estilo es más o menos el mismo con la diferencia de ciertos guiños o complicidad con la cultura, con lo más refinado que a veces no se puede hacer porque tenemos un público cada vez más grande. Al principio nos dirigíamos a un público, diría, más cultural, de universitarios. Pero igual, después, con la ampliación gradual del público, no bajamos ninguna bandera. El humor sigue siendo cuidado, pero no podés hacer un guiño con personajes desconocidos por el gran público.
No hay dudas de que Les Luthiers es popular, en el sentido de que todos saben quiénes son y qué hacen, pero ¿son populares? ¿Podrían hacer el show en un estadio?
Creo que el público de Les Luthiers es público de Les Luthiers. No pensamos que el público que no le gusta nuestro humor, que existe, no forme parte de lo popular. Somos populares depende de la noción que le des a la idea. Somos muy conocidos y hay mucha gente que disfruta de esto que ofrecemos y para mucha gente esto que ofrecemos es un bien escaso porque no es fácil de conseguir. Después, si cumplimos lo decide la gente. La cuestión del humor, la música, el cuidado en el lenguaje, en el ingenio, evidentemente hay un público que las valora. No creo que ese público diga que somos populares. Por ejemplo, una vez, para nuestros 40 años, hicimos una función al aire libre donde dijeron que había 100 mil personas que para nosotros es una bestialidad. No sé si eso llega a ser popular, por ahí son todos los que les gusta Les Luthiers en toda la región (risas). Pero si yo para ser más popular tengo que bastardear o bajar la calidad de lo que estoy haciendo, no lo haría. Además estamos convencidos que la gente viene a buscar eso y si dejan de venir nos retiramos. No vamos a inventar otra cosa para adaptarnos a las circunstancias.
¿Cómo es la convivencia con el grupo?
El grupo que más duró fue el de cinco, pero antes fuimos seis. Cada uno siempre tuvo su estrellato, su ubicación, su rol en el grupo. Siempre hubo estrellatos, digamos. Por ejemplo, Daniel y Marcos siempre fueron los que estaban más al frente y eso era razonable y era bueno. No estaba mal que eran estrellas porque era manifiesto eso. Otro cantar sería, por ejemplo, en la ópera. Yo he dirigido ópera y los cantantes de ópera son, digamos, más difíciles porque dependen mucho más de una condición más etérea como es el estado de la voz. No quiere decir que con Les Luthiers haya sido todo un lecho de rosas porque también teníamos preferencias, gustos, pero siempre fuimos muy del diálogo y entendernos como iguales.
¿Cómo sigue la gira?
A mediados de enero vamos al Opera en Buenos Aires y después vemos cómo sigue porque estuvimos muchos años sin estrenar, y tenemos que ver si los millenials siguen gustando de este estilo. Hicimos otras funciones con buena repercusión, pero una cosa es hacer diez funciones y otra una temporada.
¿Tienen millenials entre el público?
No tengo estadísticas... Pregunto y me dicen, sí, había muchos jóvenes, pero no mucho más que eso. Yo creo que sí, pero no les pedimos el DNI cuando entran (risas).