Tenemos edificios más altos y llenos, pero templos más pequeños y vacíos; autopistas más anchas, pero puntos de vista más estrechos; gastamos más dinero y tenemos cada vez menos; compramos más y disfrutamos mucho menos. Hacemos casas más grandes y familias más pequeñas; cosas más convenientes, pero menos tiempo para disfrutarlas; hablamos de más educación y tenemos menos sentido común; más conocimiento y menos juicio moral para aplicarlo; más expertos y más problemas; más medicinas, y menos bienestar. Tomamos mucho, fumamos mucho, gastamos sin medida, reímos muy poco, manejamos muy rápido, nos enfurecemos demasiado, nos acostamos más tarde, nos levantamos muy cansados, casi no leemos, vemos demasiada TV y casi nunca meditamos. Hemos multiplicado muestras posesiones, pero reducido nuestros valores; hablamos demasiado, amamos muy poco y mentimos casi todo el tiempo; hemos aprendido a ganarnos la vida, pero no a vivirla plenamente. Cómo cambiar. Cada día que vives es una ocasión especial, por eso hay que leer más y limpiar menos, Pasar más tiempo con la familia y amigos, y menos tiempo trabajando. La vida es una sucesión de experiencias para disfrutar, no para sobrevivir, como nos quieren hacer creer. Hay que usar copas de cristal, ponerse la ropa nueva para ir al supermercado. No guardar el mejor perfume para esa fiesta especial, festejar los triunfos y felicitar al contrario por los suyos, Las frases "algún día", "uno de estos días", "cuantas noticias tristes", "otra vez lo mismo", quitarlas del vocabulario usual. Desechar lo tóxico y a la gente tóxica, Si vale la pena hacerlo, oírlo o verlo, disfrutarlo, pero elijámoslo nosotros, que nadie nos lo imponga. Hay un momento para cada cosa que ocurre, no lo desperdiciemos detrás de tanta mediocridad y mentiras.

































