La directora de la Onemi, Carmen Fernández, estimó que en 72 horas las autoridades podrían tener una dimensión completa del impacto real del terremoto.
El sismo generó un tsunami que arrasó con la mitad de un pueblo en la isla chilena de Juan Fernández —ubicada a unos 600 kilómetros de la costa y casi a la altura de Santiago— y amenazaba con llegar a la Isla de Pascua, según dijo la saliente presidenta Michelle Bachelet.
“Hay una enorme cantidad de daño que no sabemos su exacta dimensión, que está siendo evaluado”, dijo a periodistas Bachelet. En la isla Juan Fernández 13 personas se encuentran desaparecidas y otras tres murieron.
El movimiento afectó también a las refinerías Aconcagua y Bío-Bío de la petrolera estatal Enap, y también a la estratégica industria minera.
Enap, de todos modos, descartó un desabastecimiento de combustibles en el país a pesar de que algunas gasolineras permanecían cerradas y las filas de automóviles aumentaban.
Bachelet declaró zonas de desastre a las regiones de Maule, Bío-Bío, O’Higgins, Araucanía, Valparaíso y Metropolitana, que concentran el 80 por ciento de la población del país.
“Yo veía cómo se caían los autos y no sabía qué hacer. Estaba solo acá”, dijo Mario Riveros, guardia de seguridad de una planta industrial en Santiago, parado junto a un puente que se derrumbó. “Me daban ganas de llorar”, agregó.
El movimiento, más violento incluso que el mortífero terremoto que devastó a Haití recientemente, también desató el pánico en el popular balneario de Viña del Mar, situado sobre el océano Pacífico.
Con la luz del día, policías y bomberos recorrían las calles en distintas ciudades de Chile con patrullas y sirenas para verificar la magnitud de los daños y socorrer víctimas.
Una de las autopistas urbanas de Santiago, Vespucio Norte, quedó destruida, con bloques de estructura descalzados y autos atrapados entre escombros.
Luego de varias réplicas, la mayor de ellas de magnitud 6,9, el aeropuerto de la capital fue cerrado por tener la torre de control dañada, según el gobierno. Un policía en el lugar dijo que la mitad de la terminal estaba destruida y el canal estatal TVN aseguró que podría estar cerrada por tres días.
Al menos tres hospitales en la capital habían colapsado y en la ciudad de Concepción —-unos 500 kilómetros al sur de Santiago— el edificio del gobierno local se derrumbó, según radios.
Aunque el sismo tuvo epicentro en el sur cerca de la localidad de Maule, 321 kilómetros al suroeste de Santiago y a 104 kilómetros de Talca —donde los locales comerciales de adobe se desplomaron pero no se reportaban víctimas—, el temblor se sintió en Argentina.
“Fue como ver el fin del mundo” dijo Vicente Acuña, un comerciante de 76 años de Talca.
En Santiago y otras ciudades del país miles de personas salieron de sus casas y acampaban en las calles por temores a las réplicas. Un edificio se derrumbó por completo en el barrio capitalino de clase media Maipú.
Además de arrasar Juan Fernández, el impacto del tsunami golpeó costas continentales en Iloca, donde no se reportaron víctimas de inmediato. Pero había más zonas en peligro.
El gobierno chileno ordenó evacuar algunas zonas de la isla de Pascua, donde viven unas 4,000 personas y donde se esperaba que golpeara el tsunami. “No se sintió el sismo, pero hay cambios en la marejada. Estamos evacuando a la gente hacia las tierras altas”, dijo Luz Zasso, la alcadesa de la isla emblemática por sus moáis, estatuas de piedra monolítica características de Pascua.
El territorio de la Polinesia francesa en el Pacífico también fue colocado bajo alerta y en la tarde las primeras olas del tsunami llegaban a la isla Gambier y Tahití, según el Alto Comisionado de la Polinesia Francesa.
Las autoridades estadounidenses advirtieron que las islas de Hawai corrían peligro y debían tomarse medidas urgentes, mientras sonaban las sirenas de alerta. Australia también emitió una alerta de tsunami. Las islas ecuatorianas de Galápagos fueron evacuadas, aunque Ecuador luego desactivó el alerta.
Carreteras bloqueadas. El terremoto sacudió una zona donde hay grandes minas productoras de cobre pertenecientes al gigante estatal chileno Codelco y la minera global Anglo American, entre otras.
La mayor mina de cobre del mundo, Escondida, de BHP Billiton, funcionaba con normalidad, dijo el líder sindical Zeiso Mercado.
Pero las carreteras hacia la mina cuprífera Los Bronces, propiedad de Anglo American, estaban bloqueadas, según funcionarios de seguridad de la instalación. Las operaciones quedaron paralizadas en Los Bronces y El Soldado.
Anoche, poco a poco se reanudaron servicios, pero casi un tercio del Gran Santiago (que abarca la capital y localidades periféricas), donde vive el 40% de los 17 millones de chilenos, estaba sin luz, la mayoría de semáforos apagados, el subterráneo no funcionaba y el transporte publico aún era escaso, según reportes oficiales.
El agua llevó todo. En la zona costera de Chile afectada ayer por uno de los peores terremotos de la historia no quedó piedra sobre piedra.
“Tembló y al minuto el mar entró en nuestra casa, nos llegó hasta el cuello. Abracé a mi hija y le dije: resiste”, contó Eloísa Fuenzalida, una habitante de la localidad de Iloca, completamente destruida.
“Como pudimos, arrancamos por el fango hacia las montañas. No se sabe cuántos murieron”, agregó la mujer con los ojos en llanto.
“El mar se llevó los autos, las casas, todo, todo”, contó otro vecino a una radio en Curicó, ciudad ubicada a 120 kilómetros de Iloca.
“Estos escombros eran una iglesia, se llamaba El Buen Pastor. Teníamos misa hoy”, agregó la feligresa curicana Nelly Acevedo.
La ciudad de Curicó, de hecho, está con gran parte de su casco histórico por el suelo, las casas de adobe cayeron sobre las calles y los niños, cubiertos de polvo, miran hacia todas partes sentados en las cunetas, abrazados a sus peluches. (AP, Reuters y DPA)