Llamarlos negros puede interpretarse como subestimación y desprecio ya que eso es lo que sienten algunos “blancos”. Llamarlos morenos, suena a hipocresía diplomática; por lo cual, es mejor llamarlos sin temor a equivocarnos “afrodescendientes”, porque además esta palabra puede refrescarnos la memoria sobre la caza humana que hicieron los mercaderes negreros en Africa, sobre la esclavitud en América, sobre los exterminios por pestes o sobre las primeras líneas de combates donde se moría para que otros avanzaran. Si la reflexión es equitativa también tendremos que recordar a los que emularon a Gandhi, como Martín Luther King y sus seguidores (La película “El mayordomo” habla sobre esto). Lo cierto es que la epopeya que comenzó en los algodonales ubicados en el sur del norte, aun no ha concluido, porque aunque Obama no lo diga, en casi todo el continente se sigue discriminando a los afrodescendientes con salarios y calidad de vida inferiores. El PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) nos dice que los afrodescendientes junto con los pobladores originarios representan en muchos países de la región el 30 % de los habitantes. En Argentina casi no quedan descendientes de aquellos que se compraban y vendían en la época colonial (quien quiera saber las causas puede indagar en algunos libros de historia que no hablen sólo de la negrita pastelera en la plaza del cabildo); no obstante podemos observar que en Rosario, por ejemplo, existe un curioso incremento de afrodescendientes. En los cines del Alto tenemos un ejemplo, son jóvenes que vienen al país básicamente por el fácil acceso a la educación superior. Bienvenidos, pero cabe preguntarnos: ¿por qué los contratan tan rápido y en grupos? ¿Los empresarios respectivos son militantes del antiapartheid, quieren vender en negro o buscan mejorar sus costos y disminuir reclamos a costa de ellos? Finalmente, digamos como conclusión, que si este tema pasa sólo por el color de la piel, y que si San Mandela desde arriba nos apoya, es aconsejable -como pauta moral- no poner blanco sobre negro, ni viceversa.





























