A veces, ante ciertas actitudes de algunos políticos, ante el alto costo que genera la democracia, cuyos resultados no siempre son los mejores, hay quienes piensan en la conveniencia de “que vuelvan los militares”. Y ya se sabe que no hay mejor sistema de gobierno que el democrático. Claro que la democracia suele ser un tanto mentirosa. Sea porque el oficialismo tiene mayoría absoluta en las Cámaras o en algún Concejo Municipal; sea porque a través de alianzas se ha asegurado los votos necesarios, casi siempre se conoce con antelación cual será el resultado en el tratamiento de una determinada ley u ordenanza. Entonces, los oradores de la oposición hablan defendiendo sus posturas, sabiendo que no están exponiendo otra cosa que una retórica (más o menos brillante) que no tendrá influencia en una decisión final. Así, luego de largas horas de discursos el resultado de la votación es el que se suponía; el conocido anticipadamente; una especie de farsa legal en el ejercicio legislativo. Cada miembro que argumenta contra una propuesta, tiene la sensación de estar perdiendo el tiempo; quedándole el consuelo de ejercer su derecho a disentir y de dar a conocer su opinión, pero no la esperanza de modificar el pensamiento oficial. Estos procedimientos que no son ilegales, dejan una sensación de frustración en mucha gente, y posibilitan que el gobierno se asegure el resultado de una elección, más allá de toda la argumentación en contrario ejercida por legisladores opositores, por especialistas y por gran parte de la opinión pública, como ha sucedido con el tratamiento de las últimas polémicas leyes. En fin, así es nuestra imprescindible democracia y su forma legislativa; que en el sistema presidencialista argentino, está transformándose en una “democracia dictatorial”.


































