Argentina fue ubicada en la posición 105 sobre un total de 178 países relevados, con una nota de 2,9 puntos sobre 10 posibles, según el Indice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional (TI) presentado ayer en Berlín, Alemania.
El informe asegura que en América latina existe una cierta continuidad y los cambios no son demasiado significativos, aunque el resultado de países como Chile y Ecuador pone de manifiesto avances en la región.
Hernán Charosky, director ejecutivo de Poder Ciudadano, entidad que monitorea en el país para Transparencia Internacional, dijo que “en la elaboración del índice se usan encuestas a funcionarios, líderes de opinión, empresarios, dirigentes políticos, periodistas y ciudadanos”.
Las encuestas son hechas por la Fundación Bertelsmann, investigadores de la revista The Economist, la calificadora de riesgo Global Insight, el Centro de Competitividad Mundial de Suiza, el Foro Económico Mundial y corresponsales de prensa extranjera.
El país peor calificado es Venezuela, en el puesto 164 de la lista con 2,0 puntos. El mejor es Chile en el 21, con una nota de 7,2 (frente a 6,7 en 2009), Uruguay en el 24 con 6,9 −un lugar por encima de Francia−, y de Costa Rica, número 41, con un 5,3. Brasil se ubica más rezagado, en el puesto 69 (3,7), que comparte con Cuba (que cae ocho puestos), Montenegro y Rumania. El Salvador ocupa el 73 (3,6), México el 98 (3,1), Argentina el 105 (2,9), Bolivia el 110 (2,8) y Ecuador el 127 (2,5), que comparte con Nicaragua. El año pasado Ecuador estaba en el 146 con una nota de sólo 2,2.
Alejandro Salas, responsable del departamento de las Américas de Transparencia Internacional, dijo que el principal reto de Latinoamérica en lo que a lucha contra la corrupción se refiere es lograr “un buen balance entre los cambios y reformas de tipo estructural: como el sistema judicial, la funcionalidad de la policía y las leyes de acceso a la información pública, entre otros temas. Además, también cita otras medidas más rápidas y activas, como “el combate de la impunidad”.
Para Salas, uno de los problemas en Latinoamérica y muy presente en Argentina es que el ciudadano “no es un actor activo” en la lucha contra la corrupción. “Sigue faltando una demanda proactiva de medidas anticorrupción”, agregó explicando que buena parte de la ciudadanía latinoamericana está decepcionada con la política y cree que no puede hacer nada. “En las elecciones no se penaliza con el voto”, continuó. La gente piensa: “La corrupción está ahí y yo soy una víctima del sistema”, añadió insistiendo en que “se necesita un cambio de actitud del ciudadano que, sin embargo, no se puede dar de una manera mágica, de la noche a la mañana”.
El experto dijo mientras en Argentina un mal es “la excesiva politización” de algunos temas de la agenda pública, en México el problema es “seguir anclado en prácticas del pasado”.
Charosky señaló que en Argentina la falta de avance en las causas judiciales sobre corrupción son una señal de impunidad que termina siendo un incentivo para nuevos comportamientos venales. l (DyN y DPA)
































