Como si no fueran suficientes las más de 200 antenas ya instaladas en Rosario, en el Concejo Deliberante planifican redactar una nueva ordenanza para exclusivo beneficio de las empresas de telefonía móvil. Las 60 antenas que piensan agregar sólo traerán la proliferación en masa de más antenas y enfermedades en el futuro, como una plaga que se extiende por toda la ciudad. Son como chimeneas que en vez de lanzar humo tóxico y visible, lanzan las 24 horas invisibles microondas que absorben todas las personas que residen cerca de una estación base. Todo vecino cerca de una antena sufre esta radiación de forma permanente, los siete días de la semana, sin recibir ninguna información preventiva ya sea de la empresa o de los medios periodísticos. Esto causa en el sujeto una inmediata alteración no-térmica: dolor de cabeza, insomnio, irritabilidad, náuseas, déficit de atención, depresión, malestar en el pecho y zumbidos en los oídos, entre otros males. En Mendoza, un juez de San Rafael, en el año 2000 estableció el desmantelamiento de todas las antenas de telefonía móvil existentes en la jurisdicción de dicho municipio. El juez se basó en que, estando en juego el medio ambiente, cuya protección es de orden público y se encuentra garantizada en el artículo 43, segundo párrafo de la Constitución Nacional, y consideró que lo mejor para todos es que las antenas de telefonía celular se instalen fuera del municipio. Lo mismo hizo el intendente y el Concejo Municipal de Firmat que en 2004 firmaron la ordenanza 1.160 que impide la instalación de antenas de telefonía celular en dicho municipio. En Oliveros los vecinos hicieron un documental al respecto, se titula “Malas ondas”. Empezaron a juntar firmas en 1997 cuando murieron muchos vecinos de cáncer y lograron quitar la antena en 2004. Las muertes cesaron. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Agencia Internacional de Investigaciones del Cáncer (IARC) en mayo de 2011, clasificaron los campos electromagnéticos de radiofrecuencia como “posibles cancerígenos” para los seres humanos, por un aumento en el riesgo de glioma (un cáncer cerebral asociado al uso de teléfonos móviles). Se habla de “posibilidad” y de “riesgos potenciales”. Nuestros concejales fueron votados para defender los intereses de los ciudadanos y no pueden ponerse a defender los intereses económicos de las compañías de telefonía celular, al contrario, deberían legislar para trasladar lo antes posible, las antenas ya existentes fuera del radio urbano. Hoy todo se sintetiza en si nuestros funcionarios van a obedecer a los intereses de las empresas de telefonía o respetar los derechos a la salud de los vecinos que los votaron.
Somos un grupo de alumnos de 5º año de la Escuela Secundaria Nº 3.171 “San Miguel Arcángel” que en la materia “Proyecto de Investigación e Intervención Sociocomunitaria” realizamos un estudio acerca de los posibles riesgos que pueden provocar los alimentos y su incorrecta manipulación. A través de esta investigación obtuvimos conocimientos interesantes que queremos compartir con los lectores del diario La Capital. Los alimentos que son consumidos diariamente pueden provocar enfermedades debido a contaminantes químicos (pesticidas, antibióticos, materiales de envasado inadecuado, entre otros), biológicos (alimentos en mal estado de conservación, alimentos mal cocidos), y físicos (cualquier cuerpo extraño añadido al alimento). Los aditivos son sustancias que se vuelven parte de un producto alimenticio cuando son agregados a éste durante su procesamiento o producción. Por lo tanto es importante revisar la lista de ingredientes de los alimentos para conocer aquellos aditivos que son perjudiciales para la salud cuando se encuentran en una cantidad peligrosa. También se debe tener cuidado al elegir el lugar donde comer. Es importante, entonces, que tomemos conciencia acerca de la necesidad de tener los cuidados básicos al elegir, comprar, manipular y cocinar los alimentos que vamos a ingerir. La salud es un aspecto fundamental de nuestras vidas y nada mejor que cuidarla.
Lisandro Carrancio, Julieta Fabricini, Ana Clara Faloni, María Sartor, Leandro Tedini y Mariana Villella
Al doctor Lorenzetti
Soy un ciudadano común que tengo varios años encima, y a esta altura de mi vida, y desde que estamos en democracia, me disgusta sobremanera que se cercenen mis derechos. Entiendo que al privarme de leer, ver y escuchar los medios que yo quiero, están coartando mi libertad de informarme con los medios de mis preferencias. Doctor Lorenzetti, yo no voy a decir como la doctora Carrió que usted hizo un pacto espurio, porque no me consta. Pero lo que sí puedo colegir es que a pesar de todos sus pergaminos, no me puedo olvidar de lo que me decía mi padre hace muchos años, que todo ser humano, sin excepción, “tiene un muertito en el placar”. Esto viene a colación por la inspección que días atrás le realizó a usted y a su entorno familiar la Afip, además de la amenaza del gobierno de quitarle a la Corte el manejo de los fondos judiciales. Este fallo favorable al gobierno, me impresiona como un “cambio de favores”, sobre todo con todas las “aclaraciones” que están haciendo en los medios. Reiterando nuevamente cosas que me decía mi padre “no aclares que oscurece”.
Norberto Vespoli
DNI 7.719.492
Un abismo negro
Cierta vez llegó a mis manos el testimonio traducido de un prisionero de la Segunda Guerra Mundial. En dicho escrito, decía textualmente, entre otras cosas, lo siguiente: “Me asombraba y todavía me asombra que lo único que se pensaba era en la comida, la familia, el trabajo, las mujeres cuyo recuerdo nos acompañó y atormentó hasta en las trincheras, no representaban más nada. Se comenzaba un tema literario, filosófico, científico, laboral, y de a poco, las frases se desviaban hacia la comida; me daba cuenta de que en muchas narraciones se exageraba, impuesto por la fantasía, el número de platos, el perfume de la comida, el sabor del manjar; personalmente tenía muchas ganas de saborear una cebolla, un ajo, a mí que nunca me gustaron (…). Mi memoria siempre conservará las impresiones recibidas en los campos de batalla y en los de prisionía (sic). La vida en prisión no cuenta, el hombre no representa nada, el pensamiento es anulado, la voluntad ahogada por el suceder de los eventos, no se vive de recuerdos, porque resulta atroz pensarlos, no se piensa en el futuro, porque atroz es la desilusión… ayer y hoy… el tremendo momento de cada instante, el espasmo del tiempo pasado, del que va a venir… he perdido la libertad, los sueños de mi vida, mi futuro, mi juventud”. Salvando la distancia y la circunstancia vivida por el protagonista de esta cruel historia, es muy similar a esto lo que actualmente se vive en Argentina, donde pasar el día implica un acto impregnado de azar y de heroísmo. La gente pobre, descarte del pueblo, vive en similares condiciones a las inicialmente referidas. Y la casi desaparecida clase media, también deambula sin reconocer el oriente que pueda ayudarle a regresar al Edén perdido. El hombre actual argentino, vive como el israelita bíblico en la tierra de Egipto. Ha perdido, en su mayoría, la capacidad de asombro, el espíritu crítico y la alegría. La violencia instaurada bajo el disfraz de una falsa democracia lo ha sumido en la horrorosa prisión antes descripta. Vulnerado en todos sus derechos, el hombre del presente no vive, sino sobrevive. Y por si esto fuera poco, el robo adquiere cada vez mayores dimensiones. Roban funcionarios, roban ciudadanos; el niño de diez años le roba al de ocho; el de doce, le roba al de diez; y el de catorce, les roba a los tres. Lo que significa que el mal ha llegado a la médula de la sociedad: los niños están naciendo estigmatizados. De este modo, ni siquiera la esperanzadora Palabra de Dios encuentra asidero. Por lo que la tierra de ensueño que soñaron nuestros padres, acaba siendo un abismo negro.
Daniel Eduardo Chávez
DNI 12.161.930
S.M de Tucumán
Sólo hay que animarse
En todos los órdenes de la vida es sumamente importante animarse a hacer, a intentar, a buscar cambios. Si no te animás, si no pedís, si no te la jugás por lo que querés, es difícil lograr lo tan ansiado. Hoy día, nadie te viene a buscar, por más que seas una persona honorable, responsable y talentosa. Hay mucho orgullo, mucha mezquindad, en aquellos que están viendo algo en vos, pero no destacan nunca tus cualidades. Años atrás, las personas eran valoradas, miradas atentamente, reconocidas por sus excelentes características personales. Y si no, pregúntenle a quienes hoy tienen más de 65 años. Ellos les narrarán las incontables posibilidades de desarrollo personal cuando eran jóvenes, porque si solicitaban trabajo las puertas estaban abiertas para todos, o al menos para la inmensa mayoría de ciudadanos. Los humanos hemos cambiado hasta en esto, lamentablemente. De cualquier modo, insisto, hay que animarse a hacer, a demostrar que servís; que calificás ante la mediocridad que te rodea. Si te quedás en tu casa, nadie vendrá a buscarte. Si creés que por contar con excelentes pergaminos, por haber cursado distintos niveles académicos, por ser una persona cordial y bondadosa, por reunir antecedentes intachables te llamarán, pues estás cometiendo un gran error. Los tiempos cambiaron, numerosos seres humanos piensan que si sos muy inteligente o capaz para realizar determinadas tareas, les vas a quitar el puesto laboral. Eso es, ni más ni menos, haber perdido la propia confianza o exhibir notable inmadurez. Suena raro esto, pero es producto de mentalidades cerradas, subdesarrolladas; que explican de algún modo por qué prevalece la mediocridad en la querida República Argentina.
Marcelo Malvestitti
¿Quiénes nos cuidan?
Basado en información relacionada con el medio ambiente, el uso abusivo y descontrolado de los agroquímicos que se utilizan en el país y que producen severos daños a la población, me permito el siguiente comentario. Por suerte no son pocos los medios de comunicación que se van haciendo progresivo eco de este verdadero genocidio y se animan a publicar notas e inclusive fotografías realmente desgarradoras de personas mutiladas, fetos con malformaciones monstruosas y personas desfallecientes por la contaminación con agroquímicos del medio ambiente. Todo como efecto residual y directo de estos venenos que les resultan tan rentables a los grandes empresarios privados, típicos mercenarios de los regímenes capitalistas. Y cuyo único y exclusivo fin es reproducir al máximo, sin importar consecuencias su capital invertido; este el único y cruel fin que dichos grupos persiguen. La sustentabilidad ambiental y la sustentabilidad social no es algo que les interese, ni forme parte de su interés comercial, y mucho menos que les pese sobre sus desquiciadas conciencias. Pero ante semejante despropósito y genocidio social, debería ser el Estado en sus tres ámbitos, nacional, provincial y municipal, quienes deberían regular estas apetencias en extremo egoístas de estos empresarios, con la colaboración de todos los medios de comunicación disponibles. Cuando por ineficiencia, ignorancia, incapacidad o compromiso económico, todos estos poderes fallan o actúan parcialmente, están intencionalmente colaborando con esta actividad altamente destructiva que generan a conciencia estos mal llamados empresarios.
Norberto Ivaldi