Alfredo Alcón combina la reflexión con un humor fresco, a lo que suma una sensibilidad que le permite ir de un género a otro con absoluta libertad. Puede estar en televisión como un alcohólico de comedia o el gran maestre de una logia; en cine ser un travesti y en teatro el rey Lear o un actor retirado con mal genio. En ese rol se luce en "Los reyes de la risa", la pieza que coprotagoniza con Guillermo Francella y que lidera la taquilla marplatense. La ironía le permite aclarar, sin resultar obvio, que no le gusta que lo traten con prudencia. "Yo soy un ícono así que tené cuidado con lo que me decís", advierte y ríe con ganas.
¿Qué te interesó de la obra?
La habilidad, el talento del autor para construir situaciones cómicas. También hay emoción en esta relación tan difícil, tan tierna y divertida. Pero fundamentalmente estaba buscando una obra para poder trabajar con Francella. Lo vi por televisión y dije tengo ganas de trabajar con este tipo. Me parece que él sabe cosas de la comedia que son las que no se aprenden, que las sabe por intuición.
¿Fue difícil el regreso a la comedia?
Lo difícil es hacer bien algo. Tratar de hacerlo lo mejor que uno pueda. No creo que haya necesidad de ver si es más difícil hacer llorar o hacer reír. Es según qué armas usás. Encontrarle el ritmo a una comedia es un ejercicio precioso para un actor. Sentir la risa del público, que en el drama es el silencio el que acompaña es muy satisfactorio.
Con tu recorrido ¿creés que quedaste más ligado a la tragedia y al drama?
Nosotros, los argentinos, tendemos mucho a pontificar. Yo soy un actor que ha tratado de hacer lo mejor que pudo los personajes que le han llegado. Pero no quisiera estar atado a que soy un actor cómico o dramático. En todo caso lo que busco es ser un actor.
¿Cómo resultó el encuentro con Francella?
Fue como si nos hubiéramos conocido desde hacía mucho. A veces hay actores o actrices muy buenos pero que trabajan solos. Vos te vas y ponés un árbol y siguen estando muy bien. Francella te busca, te necesita, hace las cosas junto con vos. Vamos creando las situaciones y el ritmo juntos. Eso pasó desde el primer ensayo sin ponernos de acuerdo en nada antes. Hay cosas que no dependen de la voluntad, pasan o no pasan en una buena relación de trabajo. Es muy generoso en el escenario y me siento muy acompañado.
¿Tuvieron algún problema de cartel, teniendo en cuenta que fue el año del Oscar para “El secreto de sus ojos”?
No, Francella no es tonto. Es un tipo de una calidad espiritual y humana natural de una categoría muy tierna por su curiosidad por el otro, por el compañero que está actuando con él, por cómo estudia, cómo trabaja. Si con un premio te creés que ya lo sabés todo... El que busca poco encuentra rápido, dicen. Creo que Francella no es de esos. Un premio te da alegría, aunque no deberíamos estar tan pendientes por cómo nos ven afuera.
Se suele hablar del ego de algunos artistas...
La mirada del otro te puede ayudar a crecer, si te mira con interés. Pero porque te sale bien un papel te tienen que tratar de una manera especial... En mi gremio hay de todo, gente buena, otra a la que da vergüenza presentar. Es como todos los gremios. Ahora, que porque les sale bien algo se van separando de sus compañeros y hasta del público, y hay que tratarlos especialmente porque les sale bien un papel... pero si para eso nos pagan (risas).
Entonces no tenés mucho de los cascarrabias de “Los reyes de la risa”...
Sí, pero también es un personaje tierno. Creo que se disfraza. Pasa mucho con la gente cascarrabias que tiene una necesidad de afecto enorme pero tienen miedo. Además está la relación que hubo entre su amigo del alma y su mujer y que hace que tenga tanta bronca, pero a pesar de todo lo quiere.
Volviste a la televisión con un proyecto de Adrián Suar con tu personaje de el Gran Maestre en “El elegido”...
Me lo pidió Adrián (Suar). Fue sólo para grabar ese capítulo. La verdad es que no estoy rechazando ofertas continuamente, pero alguna vez me llaman para hacer televisión. Lo que pasa es que si estoy haciendo algo en teatro o una película es difícil hacer una función. Hay gente que puede. Yo no se si no tengo fuerza, lo que no tengo es ganas.
¿Creés que en algunos casos es un medio que banaliza la realidad?
Pasa con todos los medios. Con la imprenta se puede hacer “La Divina comedia” o “Mi lucha”, de Hitler. Depende de cómo lo uses. Con un diario pasa también. Se puede llevar para un lado que nos ayude o que sólo nos distraiga de las cosas esenciales. Pero no pasa sólo con la televisión. Echarle la culpa solo a la televisión es muy fácil. Siempre la culpa la tiene el otro. ¿Y uno qué hace? Puede ser algo entretenido y divertido, pero puede tener una forma de contarlo que te haga crecer o que te adormezca.
A VideoMatch se lo criticó mucho por eso...
En todas partes hay programas banales. Siempre se tiende a que la gente piense poco. La idea de que al publico hay que darle tonterías y que hay una minoría exquisita que tiene derecho a disfrutar de los grandes autores, es fascista. No le podemos echar la culpa a Tinelli. Hay una idea de que a la gente hay que entretenerla, pero depende con qué. El entretenimiento te puede lhacer pensar, a usar el humor, que es el invento más inteligente y más alto que tuvo el ser humano. Sabiendo que somos tan frágiles, que no sabés cuál es tu tiempo de vida, y sin embargo inventamos la alegría.
¿Cansa ser Alcón?
No siento que nadie me trate como un ícono. Sería limitante de mi parte creerme eso. ¿Querés que te diga algo? Yo soy un ícono así que tené cuidado con lo que me decís (risas). Sería muy aburrido ser un ícono.