Escribo esta carta para poder agradecer de alguna manera a los dadores voluntarios de sangre. Porque gracias a su gesto muchas personas son salvadas todos los días, ya que no sólo se necesita para cirugías o accidentes, sino también para muchos tipos de enfermedades, como la que yo tengo, llamada talasemia mayor. Esta enfermedad, que es hereditaria, necesita, como tantas otras, de la solidaridad y del buen corazón de la gente. Por eso sentí la necesidad de agradecer a todos aquellos que una o varias veces tuvieron este buen gesto, porque sin su ayuda yo no podría estar aquí escribiendo esta humilde pero sincera carta. A todos ellos quiero decirles gracias, muchas gracias y regalarles esta frase que sale de mi corazón: "Todos somos parte de una misma fuente de energía, y cuando damos, todo vuelve al mismo lugar, o sea a nosotros".































