Me ha tocado ver de cerca la difícil, casi imposible, tarea que es para una persona tratar de independizarse económicamente, dejando de lado la posibilidad de un trabajo bajo relación de dependencia para afrontar la aventura de abrir un pequeño negocio. Sin llegar a detenerme en lo insufrible que resulta tratar con la inmobiliaria que tiene a su cargo el local que se elige, firmando cláusulas que se teme sean nuestra ruina en el futuro, paso directamente a lo que es poner en marcha este local. En mi caso, mi hija, luego de ahorrar durante cinco años de trabajo decide emprender lo que he comenzado a contar: inaugurar un pequeño negocio. El acoso por los cuatro costados de impuestos, trámites e inspecciones, entre otros, es tal, que el tan soñado negocio no llega a redituar un centavo de ganancia, durante meses. Contando con la gracia divina, se espera el ansiado momento en que dé sus frutos. Ella hoy está en este trance. Yo me dirijo a las autoridades encargadas de las decisiones (municipales, provinciales y nacionales). Hagan una prueba piloto que podría consistir en que le entreguen a alguno de sus hijos $ 50.000 (dinero del que disponía mi hija logrado con el ahorro de años de trabajo). Evítenle la pena de los años de trabajo previos, y que intente con ese dinero alquilar un local y disponerlo como negocio. Y verán qué sucede. Día a día su hijo volverá a la casa deprimido porque no sabe cómo hacer para pagar el alquiler, el Derecho de Registro e Inspección (Drei), la habilitación del local, la habilitación del toldito que se le ocurrió poner, la habilitación del cartelito en el frente. La Afip, ingresos brutos. Los servicios, que por corresponder a un local, cuestan algo más. Ni qué decir que al momento de tramitar el Monotributo, cual sortilegio que lo hace a uno persona muy solvente, se corta automáticamente el subsidio “universal” por hijo. Pienso: no sería bueno para estos jóvenes que no piden un subsidio, sólo que se les haga un poco más sencilla la decisión de “ponerse por su cuenta”, exigirles, por ejemplo para que puedan empezar a funcionar, una habilitación transitoria (por lo que a medidas de seguridad se refiere, llámese libreta sanitaria, o matafuegos, o lo que sea) y permitirle que arranque así con su negocio por cinco o seis meses, para que pueda despegar, y entonces sí: monotributo, Drei, ingresos brutos, el cartelito. ¿Podría una resolución así afectar mucho las arcas municipales, provinciales y nacionales? Creo que no, que redundaría en beneficios para todos en el futuro.






























