Soy un rosarino más. Soy parte de esa mayoría que gobierna democráticamente por medio de sus representantes. Pero además de rosarino soy transportista escolar. Y entonces soy minoría, uno más entre 400 titulares, aproximadamente. Una minoría que trabaja honestamente, con dignidad y responsabilidad cada día. Una minoría que no hace piquetes, que no genera problemas a su gestión; que no recibe ni pide beneficios económicos, ni subsidios, ni nada por el estilo. Una minoría que solamente necesita trabajar en condiciones de seguridad mínimas aceptables. Pero año tras año observamos que nuestra actividad se ve perjudicada por causas que están más allá de nuestra capacidad de resolución: y me estoy refiriendo a la falta de controles para garantizar la seguridad vial. Y es triste escuchar cada año que al inicio del ciclo lectivo nos prometen todo tipo de medidas y controles que sólo se instalan para la foto y, ni bien pasa una semana del comienzo de clases. se hacen humo. Es igual de triste ver que existe un doble estándar en el control de tránsito, y mientras su gestión anuncia megaoperativos en los barrios, en la puerta de las escuelas es un caos y no pasa nada: nada de control, nada de comprobación de faltas. Como minoría sentimos que se discrimina. Se discrimina a quienes realizamos esta actividad: titulares y choferes. Pero también sentimos que discriminan a los que utilizan el servicio de transporte escolar: los niños y niñas, alumnos, escolares. Ellos son el sector de la sociedad más vulnerable, su condición de menores de edad los despreocupa de los potenciales peligros a los que están expuestos, son quienes más sufren la omisión del Estado en materia de controles de tránsito. Y esa situación no se debe a la falta de legislación en la materia, que por cierto se puede mejorar, sino que se debe a la notable falta de actitud y profesionalismo de las áreas de control ante los infractores y las situaciones que éstos generan en la puerta de las escuelas. No es suficiente con anunciar como propaganda que se hace esto o aquello. ¿Los operativos de controles viales son para enumerar cantidades? ¿Son solamente para secuestrar vehículos? Los vehículos son lo que son: vehículos. Y por tanto no cometen infracciones. Los conductores son los responsables. ¿Cuántas licencias retuvieron preventivamente las áreas de control en los últimos controles viales? ¿Cuáles son las infracciones consideradas graves y cuál es el régimen de sanciones y contravenciones que aplica su gestión actualmente? ¿Acaso no adhiere nuestra provincia de Santa Fe y nuestra ciudad de Rosario a la ley 24.449 y sus anexos y reglamentaciones? ¿Por qué las multas que se aplican son tan irrisorias? ¿Acaso una multa por cruzar un semáforo en rojo puede ser abonada con un pago voluntario? ¿Y qué me puede decir de una multa por estacionar en doble fila en la puerta de una escuela? ¿Vamos a reeducar en la temática vial o vamos a seguir recaudando con el pago voluntario? No alcanza con anunciar la incorporación de más tecnología, más móviles y más inspectores reclutados de vaya uno a saber qué área municipal; no alcanza si después en la calle no se aplican en todos lados y en todas las situaciones los procedimientos administrativos reglamentados por leyes y ordenanzas vigentes en la materia. ¿Qué hay de las infracciones recurrentes en las puertas de las escuelas? La obstrucción del reservado para el transporte escolar, donde está prohibido estacionar, es una falta grave. La doble fila es motivo de retención preventiva de la licencia. ¿Qué pasa con sus áreas de control que evitan las escuelas en los horarios en que más se los necesita? Hay que educar antes de entregar la licencia. Prevención es antes de cometer las faltas. Las infracciones una vez cometidas se comprueban y para eso están las áreas de control. Y quien debe juzgar es el Tribunal de Faltas a través de sus jueces, ¡no juzgan los inspectores! Si no se comprueban las faltas, sobre todo las graves, nunca vamos a solucionar nada en este gran problema. Su gestión ha demostrado que cuando se propone una meta logra su objetivo. Así ha quedado demostrado con los carriles exclusivos, con las nuevas exigencias al servicio público de taxis, con la nueva normativa contra la contaminación visual que ha retirado toldos y carteles de la vía pública. Estos ejemplos nos dicen que cuando existe un compromiso y hay decisión política se consigue lo que se busca. Pero en este caso su gestión ha demostrado no tener la capacidad ni la decisión política de controlar a los infractores en el ámbito de las escuelas. Usted y su gestión no marcan la diferencia entre los que respetamos las normas básicas de convivencia y aquellos a los que les importa un bledo el respeto por el prójimo y se aprovechan de la penosa realidad de las áreas de control. Necesitamos muchas respuestas. Usted está en deuda con los transportistas escolares, con los niños y niñas que utilizan el servicio y con aquellos que sienten en carne propia la misma indignación que me mueve a formularle esta denuncia pública.































