Recuerdo que de niño el quinielero del barrio (cuando era niño el barrio no pasaba de cuatro cuadras a la redonda) era un personaje más de la jungla barrial. Es más, a la vuelta de mi casa vivía el capitalista, personaje de prestigio si lo había, y que de vez en cuando realizaba algún acto solidario que enaltecía su figura y prestigio. El quinielero de la clandestina que iba de puerta en puerta establecía un vínculo con el apostador y esa relación estaba dada en lo cotidiano y en el conocer secretos, cábalas. Juntos estudiaban cómo jugar unos "pesitos" al número que soñaron o el que descifraron después de una serie de coincidencias. Cada tanto al quinielero no se lo veía y toda la cuadra comentaba que lo llevaban "preso" (era algo programado) como también con mayor espacio en el tiempo lo llevaban al capitalista. Todos sabíamos que el arreglo estaba en uno o varias eslabones de la trama de la autoridad policial, judicial o política (todos comentaban, para su entender, quién o quiénes estaban atrás de esto). Pero la vida proseguía sin grandes sobresaltos y esta práctica reñida con la ley no afectaba nuestra cotidianidad. A mi entender, se quiso seguir con este armazón con el tema de las drogas, pero esto no es lo mismo (no son las moneditas que juntaban las doñas de sus mandados para jugar a la clandestina), aquí hay tanto dinero en juego como para comprar voluntades de todos los sectores sociales, y de todas las jerarquías; y va, desde la compra de campos para que aterricen aviones hasta pagarle a un soldadito o sicario para que cometan un crimen. La droga no es tan inofensiva como la quiniela, destruye el tramado social en su conjunto con robos, muertes y las secuelas que deja en los adictos. Hay un dicho que dice "no se pueden resolver los nuevos problemas con viejas soluciones". Es cierto, y nos explotó en las manos. Para bien de todos esperemos que las autoridades nacionales, provinciales y la política toda estén a la altura de las circunstancias. La angosta "línea" entre acciones y omisiones puede hacer la diferencia de salvar la sociedad o hundirla para siempre.




























