El 25 de mayo de 1810 no significó de ninguna manera libertad, ni independencia, ni desvincularnos del imperio español. Aún más, la Primera Junta estaba compuesta por criollos y españoles, tales los casos de Larrea y Matheu y todos sus miembros juraron fidelidad a Fernando VII, el insolvente monarca español de turno. Entonces bien podemos preguntarnos como argentinos cuál es el significado de esta fecha que hasta lleva el nombre de cumpleaños de la Patria. Y la respuesta es muy simple: a partir de aquel día, nunca más una potencia extranjera gobernó políticamente en nuestro suelo. Como sabemos, todo tipo de avatares históricos se sucedieron y la independencia misma debería esperar seis años más para ser declarada; aún faltaban los conflictos entre unitarios y federales, aún las actuales repúblicas hermanas de Bolivia, Paraguay y Uruguay formaban parte de la herencia española demarcada por el virreynato del Río de la Plata. Faltaba más de medio siglo para que nuestro país adquiriera la actual fisonomía geopolítica, toda una historia de encuentros y desencuentros sangrientos, de fidelidades y traiciones, pero ya habíamos pronunciado el primer “nunca más” de nuestra historia. Nunca más un soberano extranjero, y así fue. Espero que en este próximo festejo los que conmemoren este hecho lo hagan evaluando su real dimensión y trascendencia históricas y que no lo diluyan en medio de discursos partidarios, de verborragia y payadas políticas que tienen que ver con el presente y que está muy bien que lo planteen, pero en su momento y lugar. La historia de hace dos siglos está al servicio del presente, sin dudas, pero precisamente con otros hombres, otras circunstancias y otro mensaje, todo lo cual estamos moralmente obligados a recordar y respetar.































