Con una inflación que se acerca al 100%, los economistas que participan más activamente de la conversación pública convergen en la propuesta de avanzar en un plan de estabilización. Una idea que también es discutida por buena parte de la clase política. Pero una cosa es el título y otra el contenido. Y allí empiezan las controversias.
Dos economistas con creciente predicamento en la city coincidieron en el seminario organizado en Chaco por la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (Asap). Se trata de Mariana Dal Poggetto y Emanuel Alvarez Agis, quienes compartieron el diagnóstico sobre la necesidad de estabilizar la economía, previa la corrección de diferentes variables.
Dal Poggetto condicionó el éxito de un plan estabilizador a la existencia de un “acuerdo político” previo. Algo que ve difícil cuando “todos estamos de acuerdo en que el ajuste lo haga el otro”.
Pero ¿de qué se habla cuando se habla de un plan de estabilización? La economista mencionó el “reacomodamiento de precios relativos, la devaluación con corrección tarifaria y el cierre del déficit fiscal”. Sobre ese último punto consideró la posibilidad de recurrir a una suba de retenciones, pero sin la actual brecha cambiaria. Asimismo planteó la necesidad de reducir el déficit cuasifiscal.
Alvarez Agis, a su turno, celebró que se esté “generando cierto consenso en la profesión y la política respecto de un plan de estabilización”. Sin embargo, opinó que la Argentina tiene que resolver, primero, una “gran distorsión” en materia de precios relativos.
Alvarez Agis aseguró que con el actual nivel de inflación “las políticas clásicas”, con manejo tasas de interés, gastos y recursos y tipo de cambio, “no alcanzan”. Hay que agregarle, dijo, marketing, un eje desindexatorio (similar al Plan Austral o la Convertibilidad) y corrección de los precios relativos. Al respecto, comparó la relación entre los precios promedio de las zapatillas y los monoambientes en la ciudad de Buenos Aires y en Nueva York, donde “la diferencia es de 2 a 1 en el primer caso y de 10 a 1 en el segundo”.
Por supuesto, opinó que uno de los precios relativos a corregir es el dólar oficial. “Muchos piensan que hay que hacer una devaluación como la de 2014”, dijo, aunque advirtió que los escenarios son diferentes y la situación es más compleja.
A muchos kilómetros de distancia, el secretario de Programación Económica del Ministerio de Economía, Gabriel Rubinstein, aseguró que para combatir la inflación es necesario “bajar el déficit todo lo necesario”. Fue durante su exposición ante los senadores que integran la Comisión de Presupuesto y Hacienda.
Durante la primera jornada de discusión del proyecto de presupuesto 2023 en la Cámara alta, el funcionario afirmó que se trata de “un presupuesto de transición” en busca del equilibrio fiscal. Más aún, puso como meta volver a la macroeconomía de Néstor Kirchner, cuando el superávit fiscal era de 3 puntos del PBI. “Hoy tenemos u$s 6.000 millones de reservas netas, cuando entonces teníamos u$s 40 mil millones y una inflación del 5%; pero no era la paz de los cementerios: la Argentina crecía”, señaló.
“Esa economía la logramos los argentinos, nunca debimos habernos apartado de ella. Los dirigentes políticos deberían reconocer los distintos errores que nos llevaron a perder las reservas, a endeudarnos, a tener defícits muy altos”, sentenció en un mensaje hacia todos los espacios, incluido el suyo.
En el medio, cabe recordar, está la deuda. En el seminario de Asap, el ex secretario de Finanzas Diego Bastourre, aseguró que en diciembre de 2019 “los vencimientos implicaban un cronograma desordenado y concentrado en fechas puntuales”. Defendió, entonces, el resultado de la negociación de la deuda pública,de la que fue partícipe durante la gestión de Martín Guzmán en Economía. Señaló que logró “una quita del valor presente del 46%” y que “con u$s 107.000 millones fue la segunda de mayor tamaño en monto”.
La discusión fiscal en Argentina no sólo es de gasto . El economista Oscar Cetrángolo objetó la “poca tributación sobre las rentas” que hay en la Argentina. Dijo que en una sociedad con un 40% de pobreza sólo el décimo decil paga Ganancias. Y lo consideró una “resignación de un sistema que debe ser más distributivo”.
Cetrángolo, ex secretario de Provincias y consultor de diferentes organismos internacionales, también se refirió a las exenciones y dispensas incluidas en los denominados gastos tributarios, sobre los que sostuvo que hay que discutirlos “uno por uno”, debido a que “algunos tienen total sentido y otros no”.
La subsecretaria de Ingresos Públicos, Claudia Balestrini, sostuvo que para aumentar la recaudación hay que prestarle más atención a la suma de exenciones y a una mejor administración que a una eventual creación de nuevos impuestos.
La funcionaria objetó lo que consideró “cierta inconsistencia” en los enfoques de los gastos tributarios, con casos de difícil justificación como cascos de embarcaciones, así como los regímenes de promoción que “tal vez deberían revisarse y rediseñarse para su modernización”.
En el mismo panel, Alejandro Otero, subdirector general de Planificación de la Administración Federal de Ingresos Públicos (Afip), puntualizó la importancia de “cuidar el mercado interno” puesto que de allí proviene “el grueso de la recaudación”.
En línea con lo señalado por Balestrini, Otero instó a “buscar una estructura tributaria más progresiva, no para recaudar en abstracto, sino para recaudar mejor”.
Aun con estos problemas, la titular de la consultora EcoGo destacó que la inversión “es el componente de la demanda que más creció” en el último y atribuyó esa situación esencialmente a la “brecha” cambiaria. Y señaló que esa será “la herencia positiva” que dejará la administración de Alberto Fernández al gobierno que surja de las elecciones de 2023.